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Deulofeu o la lucha contra el espejismo

En media hora ante el Córdoba fue abucheado, aplaudido... “De todo se aprende...”, dice. Suma ya más minutos que en el Everton, pero él y todos siguen esperando al mejor Deulofeu

el 16 feb 2015 / 12:44 h.

Deulofeu habla con Fernando Navarro, el pasado sábado (Foto: Manuel Gómez) Deulofeu habla con Fernando Navarro, el pasado sábado (Foto: Manuel Gómez) Monchi llevaba un largo tiempo tras sus pasos. Intentó  incorporarle la pasada campaña, pero no pudo ser. Sin embargo, la persistencia del director deportivo y la fe de Unai Emery en explotar las virtudes de este futbolista para ponerlas al servicio del equipo hicieron que Gerard Deulofeu arribase al Sánchez-Pizjuán el pasado verano. Lo hizo a préstamo por el Barcelona, después de que Luis Enrique diese luz verde a su cesión por entender que, a día de hoy, no tiene sitio en su proyecto. El Sevilla, sabedor del potencial de este jugador, apostó por él, aunque la sensación de que puede dar mucho más de sí sigue presente. Deulofeu fue uno de los nombres propios del partido ante el Córdoba. Saltó al césped en el minuto 62 sustituyendo a Reyes, quien se marchó ovacionado tras ser el mejor. Media hora por delante tenía el futbolista de Riudarenes para demostrar su calidad, después de no haber jugado en Getafe y pasar con más pena que gloria por el Bernabéu. Sin embargo, las cosas tampoco le salieron como él deseaba. Lo primero que hizo fue intentar marcar un gol olímpico, pero la pelota se perdió por encima de la portería.  Minutos después, sirvió un centro que no atrapó Juan Carlos y acabó despejando un zaguero. Lo que la afición no le perdonó fue su decisión de disparar –Edimar despejó el balón a córner– cuando dos compañeros esperaban su pase casi en boca de gol. El joven futbolista se llevó una pitada monumental. Fue tal que incluso Fernando Navarro se acercó a él para hacerle un comentario y animarle. Los gestos del capitán, aplaudiendo a su compañero, fueron reveladores. Deulofeu supo que no había tomado la mejor decisión. “De todo se aprende... ¡El jueves, más!”, escribía en su cuenta de Twitter. Lejos de achicarse, siguió pidiendo la pelota. En una llegada al área dio un pase a Bacca que despejó un defensor. Más tarde, sirvió un centro que no encontró rematador. Por ganas no quedó. La afición premió con  aplausos ese deseo. Tras el partido, con victoria y fin de la mala racha, Deulofeu no estaba feliz del todo. En realidad esto no es nuevo. Lo suyo es una lucha contra un espejismo, contra una imagen de superestrella sin fundamento hoy en día. Deulofeu tiene mucha calidad y un enorme potencial, pero todavía es muy joven y le falta convertirse en un futbolista regular, capaz de rendir a un alto nivel día sí y día también. Todo ello requiere tiempo, un proceso, pero da la sensación de que el propio Deulofeu quiere saltárselo continuamente. Su descontento consigo mismo se debe a ese conflicto que se genera por querer responder a unas expectativas desorbitadas. “Trabajo,  20 años... La madurez no se adquiere con un partido; ni siquiera con la temporada. Lo que tiene es difícil encontrarlo en futbolistas. Pero no vamos a dejar de insistir en para qué ha venido al Sevilla: para crecer y darnos rendimiento. El equilibrio está en cuando le salen más cosas bien que mal. Estoy contento porque es receptivo”, explicaba Emery tras el partido. El de Riudarenes ocupa el 16º escalón en la lista de jugadores más utilizados por el técnico. MEJORANDO NÚMEROS. ¿Debe Emery contar más con él? Más allá de las opiniones, los números hablan. La pasada campaña, en el Everton, Deulofeu disputó 29 (25 de Premier, 2 de FA Cup y 2 de League Cup) de los 44 partidos de su equipo, marcó 4 goles y dio 5 asistencias en 1.121 minutos. Ahora, con Emery, lleva 25 encuentros (15 de Liga, 6 de Copa y 4 de Europa League), 3 goles y 9 asistencias en 1.258 minutos. Es decir: está a 4 partidos de igualar su registro en el Everton, a un gol de su tope, casi duplica el número de pases de gol y ha jugado 137 minutos más que en toda la campaña 13/14. Deulofeu es un filón, tiene un gran futuro y un esperanzador presente, pero nunca debería ser rehén de sus propias expectativas y sí disfrutar más del camino.

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