Cultura

Devastación emocional

La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla clausuró anoche su temporada en el Maestranza. Pudo tratarse del último concierto bajo la batuta de Pedro Halffter en el cargo de director titular

el 27 jun 2014 / 09:40 h.

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Real Orquesta Sinfónica de Sevilla *** Teatro de la Maestranza. 26 de junio. Programa: Sinfonía nº9, Mahler. Intérpretes: Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, director. Pedro Halffter, en el podio, dirigió anoche a la Sinfónica de Sevilla en un programa monográfico con la Novena Sinfonía de Mahler en los atriles. / Foto: Carlos Hernández Pedro Halffter, en el podio, dirigió anoche a la Sinfónica de Sevilla en un programa monográfico con la Novena Sinfonía de Mahler en los atriles. / Foto: Carlos Hernández Culminó anoche, con parecido nivel de excelencia al otorgado en anteriores presentaciones, la temporada de abono 13/14 de la Sinfónica de Sevilla. Lo hizo con una única obra en los atriles, el testamento mahleriano que representa la Novena Sinfonía. Aguardábamos expectantes un espectáculo de brillantez instrumental y hondura sentimental; sin embargo, en esta ocasión la orquesta evidenció algunos desajustes muy puntuales en secciones concretas (violonchelos en el primer movimiento, cuerdas titubeantes en el sigiloso y emocionalmente comprometido final). Pero hemos hablado de excelencia, y en términos globales la hubo merced a una visión de gran suntuosidad, la puesta en liza por el director musical, Pedro Halffter, que fue contestada con inquebrantable entrega durante cerca de 90 minutos por la ROSS. El maestro madrileño, antes que por la adustez o el objetivismo, se esforzó en una lectura de rotunda expresividad; como cabría esperar si nos atenemos a precedentes versiones de la obra mahleriana dadas por Halffter. En el tercer movimiento (Rondo-Burleske), la Sinfónica buscó los colapsos orquestales, la brutalidad controlada, desarrollando una amplísima gradación dinámica y persiguiendo siempre colores insospechados. Durante toda la partitura, con la salvedad del Adagio conclusivo, el director no persiguió arrogarse una especial originalidad; enmarcándose en la senda atmosférica de embriagador posromanticismo que tan bien sabe controlar. Sería en los minutos precedentes al final, cuando Halffter optó muy marcadamente por la detención del tiempo, rozando silencios, pausando casi la música en pos de un efectismo dramático que fue sólo medianamente contestado por la Sinfónica. El paulatino oscurecimiento de las luces del escenario, suerte de peculiar fundido a negro sonoro, incidió en el efecto de devastación buscado; una devastación que en esta Novena Sinfonía adquiere ribetes de justa y serena comprensión de la muerte, la del propio Mahler, que él mismo supo inminente. Da la sensación durante toda la audición de que Mahler supo retirar la pluma a tiempo de los pentagramas, antes de que toda la inmensa página incurriera en un programático fatalismo. Y es en esa contención donde los buenos mahlerianos deben moverse. Halffter lo es. Y buscó que la Sinfónica sonara plena en los instantes de exposición melódica y en las transiciones; donde se configuran las texturas y serpentean figuraciones que pronto serán abandonadas. Fin de curso (casi) en el Maestranza. Lo que hoy deciden en los despachos será trascendental para continuar en el futuro gozando con conciertos como este. Y nadie debería dudar a estas alturas que lo que se vive en este coliseo es tan patrimonio de la ciudad como cualquier otro equipamiento histórico.

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