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Diálogos para un congreso

Escenas que muestran el frío y el calor socialista en dos días de intensa concentración.

el 04 feb 2012 / 21:42 h.

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Cientos de militantes siguieron desde el hall del Hotel Renacimiento los discursos de los candidatos.

Diálogos para un congreso socialista: “Hace frío, ¿no?” “Más frío tendrán estos mañana”; “¿Tú con quién vas?” “¿Con quién voy o a quién voto?”; “¿Y si gana Chacón?” “Pues lo mismo pero al revés” “¿Y si gana Rubalcaba?” “Pues al revés pero lo mismo”; “¿Hace mucho frío en la calle?” “Más están temblando dentro y con la calefacción a tope”; “¿Cuánto se tarda en contar 900 votos? Ya han pasado dos horas” “Habrá tongo o empate” “¿Y si hay empate?” “Decide el presidente del congreso con su neutralidad activa”; “¿Tú con quién vas?” “Yo con quien diga mi mujer” “¿Y su mujer con quién va?” “No lo sé, dice que con la primera candidata del PSOE a la presidencia del Gobierno”; “¿Has visto a Alfonso Guerra? Me quiero hacer una foto con él con el móvil para mandársela a mi madre” “Sí, lo he visto, es más alto que en la tele”; “¿Cuánto te ha costado el bocadillo en el bar del hotel” “Diez euros” “¿Y el café?” “Tres euros. No se lo digas a Zapatero”; “Estos suelos resbalan mucho, deberían echarle serrín para que no se nos descalabre un secretario general” “Sí, con serrín arreglamos el congreso”; “¿Os habéis enterado de que ha ganado el Madrid?” “No, van por la primera parte” “Yo hablaba de otro partido (risas)”; “¿No queda cerveza en el bar?” “Os habéis acabado la cerveza, cómo se nota que sois socialistas“; “¿Te funciona Twitter?” “No, han conectado inhibidores de frecuencia en la sala de votación para que no se filtre el ganador”; “¡Ha ganado Rubalcaba!” “¿Cómo lo sabes?” “Lo he visto en Twitter”.

El 38 congreso federal del PSOE ha tenido algo de concierto de rock y de partido de fútbol. En el hotel Renacimiento, de Sevilla, una mañana soleada y fría, se han reunido unas 3.000 personas, socialistas de cuatro o cinco generaciones distintas. En el PSOE la edad es relativa desde antes de que los candidatos empezasen a explotar el término “intergeneracional”. Con Alfredo Pérez Rubalcaba (60 años) se han alineado muchos jóvenes, y a Carme Chacón (40 años) le han vitoreado figuras de la vieja guardia. Cada candidato ha tratado de arrimarse a lo que le falta, llámese renovación o experiencia. Pero a la hora de la verdad, los delegados e invitados más jóvenes se han pasado dos días siguiendo con sus móviles a gente como Felipe González, Guerra, Chaves, Borrell o Zapatero. Excepto este último, el resto pertenece a una generación en la que los políticos no solían firmar autógrafos como estrellas de rock. Como partido de fútbol, el congreso ha sido uno de esos que aparentan ser amistosos, pero que en el fondo no lo son. Decía Marcelino Iglesias que la rivalidad fomenta la democracia, pero también fomenta el espectáculo. Cuando ayer, a las 17.25 horas, el murmullo “Ru-bal-caba” empezó a crecer hasta convertirse en un estallido, el hall circular del hotel, con cientos de delegados, estalló en aplausos, silbidos y gritos, como quien sigue la política desde las gradas. Los chaconistas enmudecieron: algunos lloraron y otros se marcharon a casa. Los rubalcabistas se abrazaron y besaron y casi se echaron a llorar cuando Rubalcaba, camino del escenario, se cruzó con Patxi López y los dos se mezclaron en un fuerte abrazo.

La victoria ha sido por 22 votos, un 2,2% de los 969 delegados. Se decía que en un congreso tan reñido, el discurso final podría inclinar la balanza. Se lanzó una moneda para decidir quién intervendría primero y ganó Rubalcaba, y entre los asistentes creen que esto fue decisivo. Rubalcaba fue el telonero, pero su discurso manoseó todos los rincones del partido y del modelo de socialdemocracia, y sus propuestas (como la revisión del acuerdo con la Santa Sede) pusieron el listón muy alto. Tocar una canción después tiene que ser difícil. Recordó un delegado rubalcabista de las juventudes socialistas vascas aquel concierto en el que Jerry Lee Lewis, “el gran bola de fuego”, se enfadó porque le obligaron a ser telonero de un joven rockero que acababa de alzarse al número uno de las listas de ventas. Al final el excéntrico Lee Lewis salió al escenario y dio un concierto memorable en el que terminó rociando con gasolina el piano y siguió tocando sobre él. Después le tocó el turno al siguiente... Chacón estructuró un discurso más intermitente, con consignas cortas que repetía siempre tres veces, y tras la tercera arrancaba el aplauso. También hizo llorar a sus afines, recordando a su abuelo, que vivió la guerra y el exilio y le confesó no haber tenido juventud. “¿Cómo puede no llorar contando esas cosas?”, decía Dolores, histérica por no poder tuitear lo que acababa de oír. Chacón pareció convertirse en una estatua de sal cuando salió a digerir la derrota.

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