Cultura

'Días de vino y rosas', una borrachera de talento

Carmelo Gómez y Silvia Abascal llevan ‘Días de vino y rosas’ al Lope de Vega

el 06 oct 2009 / 20:15 h.

Silvia Abascal y Carmelo Gomez, protagonistas de 'Días de vino y rosas'
-->--> -->

Carmelo Gómez y Silvia Abascal se verán las caras sobre las tablas del teatro Lope de Vega desde hoy y hasta el próximo domingo para representar Días de vino y rosas, adaptación escénica de la famosa película que ha dirigido Tamzin Townsend. El alcoholismo sigue siendo el crudo eje de la obra.

"Tenía ganas de hacer teatro y buscaba una historia interesante, hasta que di con ésta, en definitiva una historia de amor y desamor", explica el actor. "El escollo era encontrar partenaire, hasta que contacté personalmente con Silvia y se mostró encantada. Lo hemos hecho todo entre los tres, Silvia, Tamzin y yo".

El productor Coté Soler recuerda que no las tuvo todas consigo desde primera hora. "Cuando nos reunimos para hacer la primera lectura, me aterroricé: vi un drama en un momento en que se avecinaba una crisis. ‘¿La gente va a querer ver esto en el teatro?', me pregunté. ‘¿No sería mejor una comedia ligera?' El tiempo me ha demostrado que me equivocaba. Lo que atrapa al público es una idea universal: la capacidad que tenemos para destruirnos", asevera.

La obra de J. P. Miller fue llevada por primera vez a la televisión en 1958, con John Frankenheimer como director. Luego saltó a la pantalla grande de la mano del cineasta Blake Edwards en 1962, con unos soberbios Jack Lemmon y Lee Remick, y la cosecha no pudo ser más espectacular: dos Óscar, tres Bafta, cuatro Globos de Oro... Las sucesivas versiones escénicas -la más importante, la de Owen McCafferty en 2005- no han hecho sino confirmar que se trata de una obra excepcional.

En esta ocasión, es David Serrano quien convierte a los protagonistas en dos madrileños enamorados que van en busca de una vida mejor, pero se toparán con los demonios del alcohol.

"Hay pocas obras de teatro que hablen del alcohol tan duramente", dice Tamzin Townsend. "Nuestra versión no tiene nada que ver con la película, donde hay más personajes y mucho mundo de los protagonistas. Hemos hecho un trabajo más íntimo y privado para contar sólo la historia de dos personas que se quieren con locura y van al desastre por culpa del alcohol".

Para redondear el montaje, los actores llegaron incluso a trabajar con Alcohólicos Anónimos, con el objeto de llegar a entender el drama de la bebida en toda su profundidad. "La idea que más repetíamos es que el lobo está en la puerta: entramos y salimos todos los días sin verlo", comenta Carmelo Gómez.

"Hay un momento en que el personaje enumera todo lo que bebe al día, y la negación es el primer síntoma de la enfermedad. El trabajo con Alcohólicos Anónimos nos demostró cómo una persona hecha y derecha puede quedar convertida en un guiñapo, sin alma, sin memoria, sin emociones", añade.

"Lo que vi en aquellas personas es que, cuando eres alcohólico, haces todo por una botella", agrega Silvia Abascal. "Por encima de los hijos, del entorno social y laboral. Ahora veo en un supermercado un pasillo lleno de botellas, algo así como su árbol de Navidad, y entiendo lo difícil que debe ser para estas personas dejar su adicción. El alcohol está presente en nuestras vidas, de la mañana a la noche, en todas nuestras celebraciones...", dice.

"Antes de esta obra yo no había pensado mucho en el alcohol", apunta la directora Townsend a renglón seguido. "Gracias a ella he podido ver que había algunas personas a mi alrededor que tenían un problema". Y Gómez concluye: "Para los alcohólicos, a veces sólo el hecho de ser escuchados ya ayuda. Muchas de las cosas que nos pasan tienen su raíz en que no nos contamos las cosas. Tal vez esta sociedad pueda curarse dialogando", apostilla el actor.

  • 1