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'Dicen que soy un cateto, pero ya he puesto 106 millones para ayudar'

Como presidente de la Diputación de Sevilla, a Fernando Rodríguez Villalobos le ha tocado lidiar con la peor crisis económica que han sufrido los ayuntamientos en años. Eso sí, insiste en que esto no es una excusa para hacer las cosas mal y para que haya líos urbanísticos.

el 16 sep 2009 / 04:32 h.

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-Con la crisis que están sufriendo los ayuntamientos, se han puesto sobre la mesa varios planes de ayuda. ¿Demuestra esto que la Diputación sirve para algo?

-Bueno, eso es lo que hemos pretendido siempre, demostrar que somos instrumentos al servicio de los pueblos. Es verdad que hubo una etapa más protocolaria, pero ahora prestan servicios y ayudan sobre todo a los pueblos más pequeños, que son la razón de ser de la Diputación.

-¿Me está diciendo que el presidente de la Diputación es un Robin Hood municipal que le quita a los pueblos grandes y se lo da a los pequeños?

-Bueno, algo les araño, por qué no decirlo, pero no hasta el punto de dejarlos sin cartera, porque me consta que los más grandes son solidarios normalmente con los pequeños, ninguno se ha quejado porque lo esté saqueando. Desde la Diputación además hemos demostrado que se puede hacer una gestión en la que se tengan las necesidades cubiertas, sin sufrir a final de mes para pagar nóminas o la Seguridad Social, y luego desarrollar políticas al pie de la letra. Y todo con una austeridad y una visión de hombre de pueblo en el buen sentido, lo digo porque siempre se ha hablado de la gente de pueblo como ahorradoras: yo me enorgullezco de ser así. Algunos me han dicho que soy cateto, un presidente cateto, pero mientras me llamen así por hacer las cosas que hago no me importa: en 2008 y lo que llevamos de 2009 he puesto sobre la mesa 106 millones de euros para ayudar a los pueblos.

-Usted ha sido cocinero antes que fraile, ¿es más difícil ser alcalde que presidir la Diputación?

-Mucho más, pero no es lo más difícil, es lo más bonito y lo que más te engrandece como persona, porque te ha votado la gente de tu pueblo, que te conoce desde pequeñito? Para mí presidir la Diputación es importante, pero más lo fue para mis padres, para ellos fue lo más grande.

-Si le gusta tanto ser alcalde, ¿por qué lo dejó?

-Porque los cargos públicos tienen sus limitaciones en el tiempo, tampoco te puedes poner extremadamente pesado. A mí me quería la gente de mi pueblo y me sigue queriendo, y yo a ellos, pero pensé también que podía hacer otras cosas, y te abres si te ofrecen, y a mí me lo ofrecieron y me vine a Sevilla a dedicarme a las tareas provinciales. Después me han ofrecido otras cosas de otro ámbito y no lo he querido.

-¿Su techo es la presidencia de la Diputación?

-Lo que no voy es a utilizar la Diputación como plataforma para llegar a ningún otro sitio, estoy perfectamente donde estoy. Por eso precisamente quizás mis políticas sean menos personales, porque no tengo que montarme ningún trampolín.

-¿Le queda cuerda como presidente? Lo digo porque habla de limitación en los cargos...

-Hombre, yo soy un presidente digamos nuevo, llevo una parte del mandato anterior, que no fue entero porque sustituí a Navarrete, y lo que va de éste. Lo más importante es si tengo ilusión y capacidad imaginativa y creativa en este momento, y ahora la tengo. Aquí me veo con recorrido para afrontar el nuevo reto en los pueblos, el impulso que hay que darles para el cambio que se debe producir en el modelo productivo. En la década de los ochenta el tejido productivo estaba basado en el sector primario, había cuatro cooperativillas de aceitunas, el molinillo de aceite y cuatro talleres de chapa, y se empezó con los polígonos y los parques industriales y montamos el tinglado. Ahora hablamos de un nuevo modelo con tres ejes como son el turismo, las energías renovables y la agroindustria.

-¿Teme que la crisis eche para atrás a más de un alcalde?

-Si la política es vocacional, un alcalde lo es mucho más: es una vocación de servicio a los demás, es el misionero pero al servicio de su pueblo. ¿Que estamos en un lío? Cuando juraron en este mandato los alcaldes no preveían esta crisis, como cuando un misionero se va a tal país y no prevé la guerra entre los tutsis y los hutus.

-¿Las deudas se van a comer a los ayuntamientos?

-No, la crisis no está provocando ninguna deuda añadida a los ayuntamientos. Es verdad que ha recortado los recursos al no hacerse viviendas, pero lo que hay que hacer es ajustar los presupuestos a las condiciones de vida. Y si la feria del pueblo tiene que reducir los costes pues ya está, las fiestas tendrán que ser más humildes y sencillas. Si en vez de a Bisbal hay que traer al Trío Colores, pues se trae al Trío Colores, porque así lo hemos hecho todos. Pero si hay que recortar que se le explique a la gente, que no es tonta.

-Los ayuntamientos se quejan de que gastan mucho en competencias que no les corresponden, ¿tanto es?

-Un 30% de los servicios que se prestan no están recogidos en los que la propia Ley de Régimen Local obliga, lo haces porque no tienes más remedio. Después dicen que te puedes negar, claro, pero te echan por el balcón abajo, porque le dices a un vecino que vaya a la Junta y te contesta que entonces para qué te quiere a ti. Esa prestación de servicios tiene que tener una cobertura presupuestaria, y si no dígame cuál es mi marco, pero dígamelo a mí y a los vecinos para que no vengan a mi puerta a pedirme una prestación que es de usted.

-¿Esa mala financiación ha hecho que se apueste demasiado por el modelo urbanístico?

-No, esa deficiencia en la financiación no te puede llevar a hacer cosas que no debes. Es verdad que el urbanismo ha sido una fuente de ingresos importante, pero la burbuja se ha pinchado y al que ha sabido equilibrar los gastos no le ha pasado nada.

-¿Con una mejor financiación hubiese habido menos líos urbanísticos?

-Menos líos no sé, pero menos dependencia del urbanismo sí. Los líos dependen del lioso, porque el que seas más o menos dependiente de algo no justifica que hagas cosas que no debes. El que haya infringido la ley para lucrarse, ése a la cárcel, pero vamos a analizar un poco al que no ha sido para lucrarse sino para beneficiar a su pueblo, para desarrollar una zona? Hay que diferenciar entre los escándalos de Marbella, lo que es el mundo del poderío y el pelotazo, y el alcalde que permitió una nave de pollos. Una cosa es una urbanización con miles de chalés y otra una nave de pollos.

-Hablando de miles de chalés, ahí está el mar de ladrillo del Aljarafe...

-Si se estudia a nivel estatal lo que se ha producido en el entorno de las grandes urbes, resulta que se ha sobredimensionado el flujo de concentración y ese masacote urbanístico se ha hecho como consecuencia de la demanda que había. ¿Y por qué no se ha puesto el barro antes de que te pique el tabarro? Lo cierto es que se tenía que haber evitado, y ahora ya podemos hacerlo con los instrumentos que ya tenemos, como el Potaus. Y cuando se consiga, que olfateo que será a medio plazo, vamos a tener una gran área de concentración de miles de personas más o menos ordenadas donde se pueda vivir como se tiene que vivir, habitando pueblos que no sean como ciudades.

-¿Esta Gran Sevilla debe tener una autoridad única?

-Eso ni me lo he planteado ni creo que sea lo más importante. Mi partido ha propuesto un modelo, y si ese modelo lleva aparejado una autoridad única bienvenida sea.

-¿La Diputación se dejaría comer ciertas competencias por esa autoridad única?

-Si esas competencias que dejo de ejercer van en beneficio de los vecinos de la Gran Sevilla, bienvenido sea, yo nunca he acaparado competencias porque sí. De todas maneras, esto de la autoridad única yo lo veo como una forma de organización más que como una estructura de poder, ya hay bastante poder en las distintas estructuras montadas. Lo que tendría es que buscar una economía de mercado, la organización en la prestación de servicios supramunicipales, en la recogida de residuos sólidos, en seguridad, en bomberos? Ahora cada uno va por un lado, y eso es lo que tendría que hacer esa autoridad única.

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