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Cultura

Diego Urdiales triunfa en la nueva plaza de Arnedo

el 20 mar 2010 / 20:48 h.

Jesús Vigorra.

Diego Urdiales fue ayer profeta en su tierra y salió a hombros en la tarde de la inauguración de la nueva plaza cubierta de Arnedo, donde José Tomás mostró un buen nivel –tanto con el noble segundo como con el inválido quinto– con una corrida de El Pilar muy mermada de fuerzas, con la que Julio Aparicio fue silenciado.


Trofeos aparte, lo mejor de esta primera corrida en el Arnedo Arena fue el toreo de capote de José Tomás, la técnica y temple que impuso a sus dos toros y la raza y disposición de Diego Urdiales, que nunca se ha dejado ganar la pele, informa burladero.com.

El de Galapagar cuajó a su primer toro ya desde el capote, en verónicas muy templadas y mecidas a un ejemplar que embistió suave, para terminar con chicuelinas aprovechando la querencia del toro de querer meterse por los adentros, al que llevó al caballo galleando.
El comienzo de faena fue en los mismos medios de la plaza. Tras dos estatuarios, directamente se puso a torear con la mano izquierda, en naturales muy largos y alargándolos lo máximo posible. Pero sobre todo, logró suplir con técnica los defectos del toro, que claudicaba si se le bajaba en exceso la mano y salía con la cara alta si se lo hacía por arriba.

También hubo ayer momento para el susto, cuando el del Pilar le zancadilleó y José Tomás estuvo a su merced, librándose casi de milagro.

En segundo lugar se encontró un toro inválido, por los suelos que se echó tanto en el capote como en la faena de muleta. Lo mejor llegó con el capote, de nuevo parando el tiempo en unas verónicas preciosas y un quite por delantales muy ceñidos, rematando con una serpentina. El toro cayó rendido en la primera serie de muleta y José Tomás se mostró por encima de él. Un pinchazo hondo y tres descabellos, dijeron adiós a la oreja.
Diego Urdiales saludó al tercero toro con unas verónicas muy bullidoras, a lo que le sucedió un quite por chicuelinas en las que dejó entrever su disposición y el querer contestar a José Tomás. La faena de muleta la inició con la mano derecha en varias series irregulares, con algún que otro enganchón. Ya con la espada de matar, siguió toreando al natural, dejando una estocada caída para pasear dos orejas.

Otra más paseó del sexto, que volvió a blandear de salida pero que dejó atisbos de calidad en los primeros tercios.

Julio Aparicio resultó silenciado con el deslucido primero. Con el quinto no metió el acelerador con un animal noble pero flojo, que quedó prácticamente inédito.

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