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"Dijo que llevaba año y medio planeándolo"

Juan Cañaveral que redujo por la fuerza al agresor del Gran Poder es un costalero de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso

el 22 jun 2010 / 20:17 h.

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Tiene 30 años, es agente de seguros y costalero del palio del Mayor Dolor y Traspaso. Juan Cañaveral fue el hermano del Gran Poder que el pasado domingo redujo por la fuerza al agresor que la emprendió a golpes y a patadas con el Señor del Gran Poder tras la misa de las ocho y media de la tarde.


Como cada domingo, Juan llegó temprano a la Basílica y se dirigió al confesionario para "charlar un rato" con el cura. Algo le llamó entonces la atención. No sabe muy bien por qué, pero su mirada se fijó en la presencia de un hombre moreno, con barba y cargado de una mochila que descendía del camarín para tomar asiento entre la bancada derecha del templo. "Vi al tío salir y me resultó raro", dice. Luego entendería que aquella visita previa al camarín le habría servido para "inspeccionar el terreno".

Cuando el sacerdote entonó el "podéis ir en paz", Juan se dirigió presto dando grandes zancadas hacia la puerta de entrada al camarín al objeto de besar el talón del Señor sin necesidad de "esperar cola", encontrándose de frente con alguien que había accedido al mismo lugar por las escalinatas de salida. En principio no reparó en su identidad. El individuo soltó la mochila en la zona izquierda de la barandilla que protege al Señor y con una habilidad inusitada se encaramó "en fracciones de segundo" por la parte derecha al pedestal del Gran Poder. "Pensé que era Miguel, el capiller, que habría subido a retocar algo, pero en el momento en que vi que no era él, no lo dudé", recuerda Juan.

Según su relato, en un primer momento, el agresor se situó "cara a cara" con el Señor y empezó a "forcejear" con la imagen con intención de tirar la cruz. "En una de las veces, el brazo derecho de la imagen se aflojó y se quedó en un ángulo de 90 grados con el suelo". Fue entonces cuando el agresor, agarrando con sus dos manos el antebrazo del Señor, comenzó desde una posición lateral a propinarle furiosas patadas al Nazareno. Acostumbrado a faenar con becerros en el campo, Juan atrapó al individuo por un pie y fue al tirar de él cuando el brazo del Nazareno se fracturó y se desprendió a la altura del hombro.

Cuando Juan lo redujo, manteniéndolo inmovilizado por dentro de la barandilla, tuvo que llamar a la calma y pedir tranquilidad. "Unos pocos querían pegarle. Había gente dispuesta a matarlo allí", dice. De hecho, un conocido guardacoches de la zona empuñó un cúter con intención de agredirlo.

Al momento, un policía de paisano se identificó con su placa y para evitar cualquier intento de agresión trasladó al individuo al interior de la sacristía. Aún así, Juan Cañaveral recuerda que "alguien entró y le dio una guantá".
Las primeras palabras de Luis C.O., funcionario de prisiones en Huelva, de 37 años, fueron para autodeclararse "Jesucristo, el hijo de Dios". "Decía que llevaba un año y medio planeando esto", señala Juan, a quien le pareció un individuo "perfectamente cuerdo", a pesar de que "decía tonterías, pero no de locura".

Primero monaguillo, después nazareno de ruán y ahora costalero de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso, Juan , nieto de hermano mayor y toda una vida en su hermandad del Gran Poder, actuó la tarde del domingo sin pensar demasiado en las consecuencias. "Lo he hecho por el Señor. Lo hice porque seguro que Él quería que lo hicie-ra así".

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