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Distintas miradas

Un ciego de 74 años y una ciega de 31 se citan para intercambiar sus vivencias con motivo de la festividad de Santa Lucía, patrona de la Once. El Correo es testigo de una conversación que empieza tarde por culpa de un taxista que no quería montar al perro guía.

el 13 dic 2009 / 18:34 h.

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Félix Hernández y Ana Sánchez son dos ciegos con miradas diferentes: él, figura clave como jefe nacional de la Once durante la Transición, allá por los años ochenta, tiene 74 años y aporta la sabiduría y la experiencia de un mundo sin luz, no siempre fácil, a una conversación llena de recuerdos buenos y no tan buenos. Ana es fisioterapeuta. A sus 31 años, ofrece el punto de vista de los invidentes jóvenes. El Correo participa como testigo en ese intercambio de palabras y de experiencias en el que la diferencia de edad no era ni mucho menos la barrera que más a menudo asomaba a la conversación.

Félix es ciego desde los nueve años a causa de un desprendimiento de retina; ella, desde que tenía tan sólo trece meses de vida por un tumor en la retina. Pese a la diferencia de edad, ambos coinciden en que carecer del sentido de la vista no les hace ser diferentes: "Somos personas normales, con los mismos defectos y virtudes de cualquier vidente", afirma contundente Ana, "aunque, eso sí, nos cuesta más llegar a ciertos sitios". Ana no sólo se refiere a las trabas que profesores y compañeros le han ido poniendo a lo largo de su carrera, ("los niños a veces son muy crueles", comenta), también hace referencia a los miles de obstáculos que a diario se encuentra en su camino por las calles: "Bicis, papeleras, motos... Si no fuera por Xona no sé qué haría", dice mientras mira a su perra guía. Félix, en silla de ruedas desde el 82, le da la razón. "Lo peor son los obstáculos humanos", afirma una Ana apenada por haber llegado tarde a la cita: tuvo que coger un segundo taxi porque el primero no aceptó a Xona, algo ilegal que debería haberle valido la retirada de la licencia al taxista, por inhumano.

Eligen su ropa y van al cine. Ella tiene ordenador y móvil. Él reconoce que la conciencia social ha evolucionado mucho, "Cuando era joven éramos invisibles". Ella ha tenido más suerte. La vida sentimental la disfrutan como uno más: Ana se casó hace tres años con José, también ciego, y Félix lleva toda una vida con Mari Carmen, vidente. Tienen hijos, y en casa todo discurre con la normalidad de un hogar más: "En mi casa, como en todas, cocino yo, la mujer", suspira Ana. Independientemente de las creencias religiosas, los dos han celebrado esta semana la festividad de Santa Lucía, la patrona de la Once. ¿Ver para creer?

La Once es una fábrica diaria de milagros que no sólo ha evitado la miseria y la marginación social a cientos de miles de españoles, sino que los ha convertido en ciudadanos de primera a base de formación, entrega, imaginación, investigación, desarrollo de ideas y de voluntades, unidad y colaboración. Día a día, gracias sobre todo a los recursos obtenidos con los célebres cupones, los 2.000 afiliados a la Once que hay en Sevilla, más todos los del resto de España, mantienen intacta su dignidad. Lo que hace esta institución es llevar ilusión donde no la había. Santa Lucía, Félix Hernández y Ana Sánchez lo saben bien.

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