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División inexplicable

De nuevo, la conmemoración y el recuerdo de la muerte de Blas Infante ha sido motivo de confrontación entre los partidos políticos andaluces y ocasión para que algunos de sus líderes saquen a relucir de su limitado arsenal retórico un lenguaje tabernario, impropio de quienes...

el 15 sep 2009 / 09:43 h.

De nuevo, la conmemoración y el recuerdo de la muerte de Blas Infante ha sido motivo de confrontación entre los partidos políticos andaluces y ocasión para que algunos de sus líderes saquen a relucir de su limitado arsenal retórico un lenguaje tabernario, impropio de quienes son representantes del Pueblo Andaluz.

Y la verdad es que el ejemplo de su vida y el legado de su obra deberían impulsar un proceso de reflexión y responsabilidad que terminara en la unidad de todos los andaluces en la evocación de su memoria.

Pero, desgraciadamente, la división y el enfrentamiento político en estas fechas no son novedad, sino que han sido una constante desde que la llegada de la democracia permitió recordar y homenajear al Padre de la Patria Andaluza. Ya en la etapa preautonómica, el Consejo Permanente, integrado por todos los partidos políticos que tenían representación parlamentaria en Andalucía, organizaba la celebración en el kilómetro 4 de la antigua carretera de Carmona, con un encomiable sentido institucional, de la que siempre y desde el primer momento se autoexcluyeron los andalucistas.

Ellos organizaban su propia celebración al día siguiente con un claro perfil partidario y de confrontación con los socialistas. Aquellos actos conmemorativos se celebraban con modestia y sobriedad en el mismo lugar donde fue fusilado, que cada año se adecentaba para el evento y en el que se levantaba como símbolo de unidad la bandera de Andalucía. Afortunadamente hoy, y gracias a la firme y decidida voluntad de su hija Maria Ángeles, junto al bosque de palmeras existe un monumento a Blas Infante.

Recuerdo que a pesar del deseo de revestir el homenaje de solemnidad y respeto siempre había algún fanático que pretendía reventar el acto con interrupciones inadmisibles o algún colectivo con problemas, que aprovechaba la ocasión para divulgar sus reivindicaciones o insultar e incluso intentar agredir a los representantes del Gobierno Andaluz. Por eso resulta incomprensible que después de tantos años los partidos políticos continúen enfrentados por esta causa y utilicen la figura de Blas Infante y el recuerdo de su muerte, concurrentes con cualquier otra circunstancia menor e insignificante, para organizar una bronca política tan injustificada como estéril.

La figura y la obra del Ilustre Notario de Casares pertenecen a todos los andaluces y no pueden ser propiedad exclusiva de persona o colectivo alguno ni utilizada para obtener réditos electorales. Así el reconocimiento unánime que en su día hizo el Parlamento de Andalucía se ha visto ahora refrendado por el propio Estatuto de Autonomía en cuyo preámbulo se resalta su lucha incansable por la autonomía andaluza.

Por ello, su legado es patrimonio común de todos y debe estar siempre por encima de intereses partidarios y de confrontaciones políticas. Nuestros representantes deberían ser más serios y coherentes, sobre todo aquellos conversos de última hora que, ausentes o adversarios del proceso autonómico, hacen en estos momentos pública ostentación de un andalucismo oportunista.

Antonio Ojeda Escobar es notario.

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