Local

Divorcios

Reconozco, con tanta contradicción, que me faltan herramientas de análisis o, a lo mejor, estoy liado. En los asuntos de financiación y solidaridades se dice, para desnaturalizarlos, que no pagan, o son solidarios, los territorios sino las personas.

el 15 sep 2009 / 11:53 h.

Reconozco, con tanta contradicción, que me faltan herramientas de análisis o, a lo mejor, estoy liado. En los asuntos de financiación y solidaridades se dice, para desnaturalizarlos, que no pagan, o son solidarios, los territorios sino las personas. Algo útil para tratar de no comprender lo que quieren los catalanes, entre otros, que, además, hasta me rompe los chistes. Claro, ¿quiénes son agarrados, los catalanes o Cataluña?, considerando que, según las balanzas fiscales, algunos catalanes, los de más renta, pagan más de lo que recibe Cataluña per cápita. Y en esto va el Tribunal Europeo y dice que Euskadi, no los vascos, puede tener su propio sistema fiscal mientras que sus alegrías no las pague el Reino con el dinero de todos los demás, vía Cupo, algo que ya -lo primero que no lo segundo- reconoce la propia Constitución que, sin embargo, no admite un derecho de consulta, por sospechado tufo divorcista.

Bélgica, como saben, está en pleno debate separatista, con sus pros y contras. El que paga, Flandes, dice que se va y la que cobra, Valonia, niega la separación de mutuo consenso. Los analistas político-sociales han deslizado, quizá para comprender la intensidad de la tendencia centrifuga belga, el hecho de que cada cien bodas hay más de setenta divorcios, por encima de la media europea, de un cuarenta y algo por ciento. Una explicación causal en la profundidad cerebral belga que no discrimina por el origen territorial, a saber: flamencos y valones suelen coger puerta a la primera bronca.

Con estos datos, si son ciertos los efectos de este tipo de avenates, en España no hay problemas, y no debería confundirse el Plan Ibarretxe y el referéndum, ambos non natos, con el divorcio exprés: el País Vasco, junto con las Castillas y Extremadura, es el territorio que tiene menos divorcios. La preocupación la tenemos más cerca: Andalucía está a la cabeza de la tendencia centrifugadora en lo que a parejas se refiere, y su capital, una vez más líder de algo, alcanza niveles semejantes al belga. La cuestión a resolver es si se divorcian las personas o los territorios.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

  • 1