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Doce minutos para enlutarse

Era día de transistores y corazones rotos. Real Betis, Sporting, Racing, Valladolid y Osasuna buscaban el pasaporte hacia la continuidad en Primera División en una tarde de luto en Heliópolis y eterna agonía en El Molinón, donde el conjunto de Manolo Preciado habitó en el infierno durante 42 minutos.

el 16 sep 2009 / 03:37 h.

Era día de transistores y corazones rotos. Real Betis, Sporting, Racing, Valladolid y Osasuna buscaban el pasaporte hacia la continuidad en Primera División en una tarde de luto en Heliópolis y eterna agonía en El Molinón, donde el conjunto de Manolo Preciado habitó en el infierno durante 42 minutos.

La tarde nacía plena de esperanza en Heliópolis, donde la afición del Real Betis abarrotaba el Ruiz de Lopera en busca del billete hacia la continuidad en Primera. Un gol de Higuaín condenaba a Osasuna, congelaba el Reyno de Navarra y multiplicaba la tensión en Gijón. Eran las 19:10 y el once de Josep María Noguès se instalaba en una medida calma. El precipicio, a 3 goles -dos de Osasuna y uno del Sporting-.

La sesión consumía etapas a un ritmo vertiginoso. A las 19:14, Plasil conseguía el 1-1 en Pamplona. El destino de los navarros no experimentaba mutación alguna y, apenas ocho minutos después, Ersen Martin conseguía el 0-1 del Recre en El Molinón. Desde aquel momento y hasta que se confirmó el desenlace, Osasuna sólo ocupó la antepenúltima posición durante tres minutos más.

Descendía el Sporting y Preciado se frotaba los ojos en señal de agonía. Gol del Racing. El tanto de Toni Moral retumbó palmo a palmo en Heliópolis. Los béticos, a cuatro tantos de la tragedia. Eran las 19:33 y nada presagiaba un cierre cruel.

Granero, el salvador. El Molinón acudía al rescate del Sporting con su aliento cuando Granero mandaba veneno y un recado al Racing con el 1-1 del Getafe. Descendía el Sporting, presa del desconcierto y el desánimo e incapaz de batir la meta del Decano, motivado y con hambre. Y antes de que las manecillas del reloj señalaran el camino hacia el período de descanso, Aguirre lograba el 0-1 para el Valladolid y expandía como un reguero de pólvora el desánimo por el feudo del beticismo.

Oliveira y una gota de fe. Se inició la segunda mitad con puntualidad milimétrica en Sevilla. Y muy pronto igualó (1-1) el Real Betis. Explotó la afición verdiblanca y se inauguraban los minutos con mayor electricidad de la tarde. El brasileño batió al palentino Sergio Asenjo. Se hundía el Sporting y los andaluces caminaban a tres tantos del descenso. Dos de los rojiblancos y uno de Osasuna sellaban el drama.

Y entonces se precipitaron los acontecimientos y las sensaciones. 20:10. Oliveira envía un disparo envenenado a la madera. El Betis, catapultado por su afición, buscaba con fe el 2-1. El tanto de la salvación. El que hubiera significado el final de una pesadilla que fue interminable.

Marcó el delantero gaditano David Barral el 1-1 para el Sporting a las 20:12. Entonces el precipicio era una realidad con dos goles, uno de Osasuna y otro del Sporting. Y Cruchaga mandó con el alma un obús sobre la meta de Casillas. Eran las 20:15 y el cielo se teñía de color plomizo en Sevilla. Premonición y antesala del luto definitivo. El Betis atacaba con precipitación, a latigazos impulsados por su hinchada, creyente en el milagro hasta el último suspiro del día. Los transistores ya hablaban de pasión y fe ciega en El Molinón.

Luis Morán originaba un seísmo de incalculables dimensiones en el Ruiz de Lopera. Eran las 20:22 horas cuando el Sporting conseguía el 2-1 ante el Recre y descendía a los verdiblancos. Y fue entonces cuando Juanito conectó con un centro para mandar un remate ajustado al larguero. Fue un minuto después, en un intervalo de 60 segundos, cuando el Betis pudo haber esquivado la guadaña del infierno de Segunda. Las primeras lágrimas surcaban las mejillas de los béticos más noveles, y Recre y Racing eran las esperanzas. El Real Madrid, con diez, ni siquiera inquietaba la meta de Osasuna.

327 minutos. Se consumían los minutos, el Betis asediaba al joven Asenjo y el Sporting hundía a un Recre perdido en el desierto. Pudo marcar Pavone, aunque su disparo imposible se perdió en el área. No había goles, sólo esperanzas en verdiblanco que se escapaban frustradas por la autovía de plata.

A las 20:46 retumbó un soplo de aire fresco en Gijón, donde Preciado, emocionado, corría hacia sus jugadores. Y el Real Madrid izó la bandera blanca. Final en El Sardinero. Tragedia virtual. Eran ya las 20:46. 31 de mayo. Un último ataque. Un último conato perdido en la inmensidad del lamento verdiblanco. 20:48. Tragedia real. Lágrimas. El décimo descenso ya era inevitable.

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