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¿Dónde está el dinero?

Hace veinte años anduve en la cárcel de Sevilla, que será como las restantes españolas. Una visita motivada por un festejo taurino organizado por la familia Espartaco. Después, acompañamos a los toreros en un recorrido por las dependencias del talego; ningún preso les pidió nada.

el 15 sep 2009 / 16:27 h.

Hace veinte años anduve en la cárcel de Sevilla, que será como las restantes españolas. Una visita motivada por un festejo taurino organizado por la familia Espartaco. Después, acompañamos a los toreros en un recorrido por las dependencias del talego; ningún preso les pidió nada, ni siquiera alguno que otro que había sido compañeros en la etapa escolar y estaba encarcelado por cuestiones menores y parecen más importantes que las de cuello blanco. Es más fácil que acabe en la trena el que roba una cartera que el mafioso y especulador que ocupado en ganar dinero no se ha frenado en destrozar lo que tuviera que destrozar. Wilde tiene toda la razón cuando afirma que hay gente que se preocupa más por el dinero que los pobres, los ricos. De los ladronzuelos se sabe dónde va el dinero, pero de los que se forraron en tiempos de vacas gordas, nada de nada, y apenas nadie formula la pregunta asociada a la ingenuidad: ¿Dónde está el dinero? Dónde estará el dinero ganado destrozando la naturaleza, porque tendrá que estar en alguna parte, y nadie dice dónde. Parece que la pregunta es de un quijotismo de cine en sesión diurna. También los que machacan a la industria cinematográfica europea por aceptar subvenciones oficiales, carecen de reparos en aplaudir inyecciones estatales para los bancos, que son siempre, en todas partes, los que más ganan. En España tenemos suerte, todavía no ha surgido ningún pinchazo bancario de esos que por todo el mundo tienen que ponerles parches para salvar el sistema. Curioso que en Estados Unidos sean los principales, precisamente donde más proclaman que de subvenciones nada de nada. Tendría alguien que aclarar como a la vuelta de dos tacos de almanaque zaragozano no siguen impulsando la desaparición del Estado. Esa necesidad no implica que los banqueros que gestionaron mal estén en la ruina ni vayan a ir a la cárcel, que parece exclusiva para quienes roban una cartera. Esa es la cara que habrá que aguantar hasta que gane Obama, que será el principio del fin de una crisis que también nos muestra cada día la total ausencia de líderes europeistas.

Periodista. daditrevi@hotmail.com

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