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¿Dónde están los liberales?

Es evidente que estamos inmersos en una profunda crisis, cuya gravedad es difícil aún de evaluar, porque no estamos seguros de haber tocado fondo y porque sus consecuencias afectaran a muchas personas...

el 15 sep 2009 / 19:54 h.

Es evidente que estamos inmersos en una profunda crisis, cuya gravedad es difícil aún de evaluar, porque no estamos seguros de haber tocado fondo y porque sus consecuencias afectaran a muchas personas y como casi siempre a las más débiles y desprotegidas. La pasada semana surgió el "escándalo Madoff", una estafa multimillonaria que afecta a diversos sectores y personas, insaciables ante unas perspectivas de ganancias ilimitadas de lo que se ha calificado con acierto como "economía de la codicia".

Ahora bien, la crudeza de esta crisis debe servir para recapacitar sobre el modelo económico mundial y la necesidad evidente de cambiarlo. Así ocurrió el año 29. Surgida la crisis, como ahora, en los Estados Unidos, tuvo una propagación fulgurante por todo el mundo y sus consecuencias fueron la desaparición de miles de empresas, el incremento del paro hasta cotas inusitadas (solo en los Estados Unidos 15 millones en 1.933), la pobreza y el ascenso imparable de los fascismos para terminar en una Guerra Mundial.

Después de esta se inicia una etapa de reconstrucción y siguiendo las pautas del keynesismo triunfa la economía social de mercado. Se impone la planificación y el Estado juega un destacado protagonismo en la economía, junto a las empresas y los sindicatos. El Estado-providencia conoce sus días de gloria y garantiza un bienestar y desarrollo económicos que se generalizan entre amplías capas de la población.

Un cambio fundamental se produce en los últimos años del pasado siglo. La crisis petrolera de 1.973 y las dificultades económicas que empiezan a erosionar el sistema de protección social y a cuestionar la planificación inspiran el rechazo a todo intervencionismo estatal en la economía. La llegada al poder de la señora Tacher (1.979) y de Reagan (1.981) significó la desaparición de todo aquello que implicara intervención y control en la vida económica. Como se ha dicho con acierto "lord Keynes fue destronado por Milton Friedman". A todo ello hay que añadir la desaparición del socialismo real y así el ultraliberalismo se enseñoreó de todo el mundo, el mercado quedó liberado de toda regulación con la convicción de que por sí mismo generaría sus propios límites, autorregulándose; la privatización de las empresas públicas fue una receta política ampliamente practicada y la eficacia y la libre competencia fueron elevados a dogmas indiscutibles.

Ahora, al llegar la crisis, los antiguos defensores del mercado sacrosanto y de sus posibilidades de autorregulación han desaparecido. ¿Dónde están ahora los liberales?. Para ellos un hecho es evidente: en los periodos prósperos, la economía y las finanzas funcionan mejor sin controles ni intervenciones exógenas. Pero cuando llega la crisis es el Estado quién en base a los impuestos que pagan los ciudadanos o a la deuda pública, debe acudir para salvarnos de la crisis, aunque sea nacionalizando bancos, aseguradoras y otras empresas en crisis. Y es que para muchos, su liberalismo se funda en la apropiación personal de los beneficios y la socialización de las pérdidas.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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