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Donde habitan las esencias de El Rocío

La carreta de plata de Coria del Río en el momento de su presentación.

el 20 may 2010 / 19:24 h.

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La carreta de Coria en su presentación en Villamanrique.

En Villamanrique no hay un guión prefijado. Todo transcurre con esa asombrosa espontaneidad con la que afloran los sentimientos. No hay horarios rígidos en esta presentación. Tampoco megáfonos que apremien el rezo de una Salve o acorten el cante de unas sevillanas ante el Simpecado de la Primera y Más Antigua. El paso de las hermandades por los porches de la iglesia parroquial de la antigua villa de Mures es de los pocos instantes de esta Romería que aún conserva la naturalidad más apabullante de los ritos ancestrales del Rocío. Una reserva de espiritualidad y tradición que, lejos de verse amenazada por las prisas de la oficialidad, mantiene vivos los valores que han hecho grande a esta Romería (aunque a la plaza de España le sobre algo de atrezzo publicitario).

Ayer, bajo un calor sofocante, casi una treintena de hermandades cumplieron con el rito de enfrentar su carreta al Simpecado de Villamanrique, uno de los hitos del camino para el que las repujadas carretas lucen sus mejores galas, y los bueyes sus frontiles de plata, y del arcón del carro se sacan las varas, banderines y guiones corporativos y cada pueblo se deja la garganta cantando sus mejores plegarias a la Virgen en este simbólico abrazo entre dos patrias rocieras. El grupo aznalcaceño Aljóbar ponía ayer letra a estos sentimientos: "Los manriqueños aguardan/ con devoción y nobleza/ porque se acerca Aznalcázar/ con sus flamantes carretas./ Y cuando llega a la plaza/ todos unidos le rezan/ son dos pueblos que se abrazan/ en la corriente del Quema./ Agüita del río Quema/ bautizo de rocieros/ me gusta que me salpique/ cuando despido Tornero/ y busco Villamanrique".

Desde bien temprano y hasta la caída del sol, la plaza de España de Villamanrique es un continuo trajín de caballerías, romeros a pie y carretas de bueyes. Ante los siete escalones de la parroquia de Santa María Magdalena, adonde pacientemente aguarda con sus varas y emblemas la junta manriqueña, se suceden con relativo orden y concierto las presentaciones de las distintas hermandades. Ora La Puebla del Río, que este año está de aniversario, ora San Juan de Aznalfarache, algunos de cuyos peregrinos aún traen los pantalones remangados de su reciente paso por el Vado del Quema. Ora la modesta asociación rociera de San Pablo, que por carreta trae un carro presidido por un cuadro de la Virgen con un templete de la Cruz del Campo a sus pies, ora Villanueva del Ariscal, cuyo asta del Simpecado apenas deja entrever algún centímetro de plata de la multitud de medallas anudadas a su vástago de los romeros que este año no han podido ir... Son miles las historias del Rocío, las promesas y las penitencias que atraviesan por Villamanrique al encuentro de la Blanca Paloma. Como miles son también los pequeños detalles que, al cabo de una larga jornada, son capaces de abrir la espita de los sentimientos y desbordar las emociones: la hospitalidad sin límites de la que hacen gala los manriqueños para con las hermandades que atraviesan su municipio; el vuelo bajo de las cigüeñas por encima de las carretas; los silencios maestrantes que se hacen en esta plaza de España cuando el momento lo requiere; la originalidad del Simpecado de Gelves y de su personalísima carreta, con columnas de madera de palosanto; o la asombrosa maestría de Marcelo, el carretero de Espartinas, tío del torero Espartaco, que con una pasmosa serenidad ayer fue capaz de subir y bajar la yunta de bueyes de la carreta espartinera por los peldaños de la parroquia hasta en tres ocasiones, un dominio del oficio que, en tierra de carreteros, fue reconocido con grandes aplausos.

El plato fuerte de la jornada de ayer, largamente esperado, fue el paso de la hermandad de Coria del Río. Pasadas las dos de la tarde, la infantería romera coriana tomaba la plaza de España brindando el mejor repertorio de plegarias en honor a la Virgen. "Hemos llegado otro año/ hasta tu puerta/ que no se pierda nunca la tradición/ cantarte manriqueño de corazón./ Por la Virgen del Rocío/ porque estamos en tu pueblo/nos sentimos en la gloria/ que viva Villamanrique/ que ole, que viva Coria". Hoy serán los manriqueños los que partan hacia El Rocío.

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