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¿Dónde se ha metido el Betis?

El equipo ataca y defiende mucho peor que antes y Mel no encuentra soluciones. Nadie se explica la extraña y fulminante metamorfosis del exlíder en apenas un mes.

el 13 feb 2011 / 21:40 h.

Pepe Mel agarra a Nacho para darle instrucciones.
En poco más de un mes, el Betis ha pasado de liderar cómodamente la Segunda División y competir con el invencible Barcelona a perder con todo el mundo, descender a la tercera plaza de la Liga y conseguir que aquel equipo que dominaba la categoría con suficiencia parezca un recuerdo lejano e incluso irreal. La metamorfosis del conjunto de Pepe Mel, involución más bien, no tiene explicación aparente. Que se lo digan al técnico, que el sábado admitió que no sabía "por dónde meter mano" a su Betis para que reaccione; a los futbolistas, que tampoco saben por qué no son los que solían ser; y sobre todo a los aficionados, que asisten atónitos a una debacle en toda regla.

El síntoma más visible de la enfermedad que aqueja al otrora líder es su bajón ofensivo. Hasta la jornada 20ª, el Betis había marcado 46 goles (2,6 por choque); desde entonces ha hecho uno en cuatro partidos. Ha influido la ausencia de Emana por su lesión de tobillo, está claro, pero también la súbita desaparición del olfato de Rubén Castro y la poca puntería de Jorge Molina. Los dos han convertido un gol cada uno en este tramo crítico, y ambos de penalti. La culpa no es sólo suya. El equipo tampoco genera ahora las ocasiones que lograba antes: en los seis últimos partidos, la media es de sólo cuatro oportunidades y seis remates a portería. El Betis no sólo ha bajado drásticamente su nivel en ataque. En defensa también lo ha hecho. Donde antes había seguridad ahora empiezan a aparecer los primeros grandes errores individuales: en Granada fue Isidoro; ante el Elche, Miki Roqué y Goitia. El Betis ha encajado nueve goles en los cuatro últimos encuentros, casi nada.

La conclusión es que todos los futbolistas han empeorado su rendimiento. Al ser un problema colectivo, la deducción es que el motivo puede ser físico. Los jugadores aseguran que no y defienden que la posible influencia de la Copa ya desapareció, pero es complicado creer esa versión porque desde fuera da la impresión de que la frescura ha abandonado a los verdiblancos. Y queda el sempiterno runrún del problema económico: la preocupación en el vestuario es innegable, pero la verdad es que los futbolistas están cobrando sus mensualidades y que ellos son los primeros interesados en ascender a Primera porque es la solución más fácil y eficaz para resolver todas sus dificultades. Si no suben, todo será mucho peor para ellos.

Tras lo físico y lo económico queda otro factor: el entrenador. El Betis lleva cuatro actuaciones a cual peor y es evidente que Mel no halla la fórmula para que su equipo reviva. En Granada ya admitió que se equivocó con su planteamiento y el sábado predominaron los mensajes negativos y pesimistas por primera vez en la temporada. En esta coyuntura de crisis, el míster parece desubicado.

Las dudas del técnico y la falta de competitividad de los futbolistas han acabado repercutiendo en el entorno. De las cuatro derrotas consecutivas, dos de ellas han sido en un estadio del que sólo volaron dos puntos de 30 en la primera vuelta. Lo que antes era confianza y autoestima ahora es incertidumbre y presión. Reaparecen viejos fantasmas, el bético silba a su equipo y Mel afronta una durísima  tarea, pero aún dispone de margen (18 jornadas) y del aval de la primera vuelta. Es imposible que a aquel Betis se le haya olvidado jugar al fútbol de la noche a la mañana.

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