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Dos estilos de Bienal

Anoche cerraba sus puertas la Bienal de Flamenco de Sevilla con un solemne réquiem de Enrique Morente en memoria de Mario Maya. Al mismo tiempo, hasta enero transcurre la Bienal de Arte Contemporáneo (Biacs) que este año apuesta por la tecnología.

el 15 sep 2009 / 16:36 h.

Anoche cerraba sus puertas la Bienal de Flamenco de Sevilla con un solemne réquiem de Enrique Morente en memoria de Mario Maya. Al mismo tiempo, hasta enero transcurre la Bienal de Arte Contemporáneo (Biacs) que este año apuesta por la tecnología. Dos convocatorias culturales de primer nivel pero que cuentan con serias críticas dentro y fuera de la ciudad.

Resulta paradójico que mientras los críticos de la Bienal del Flamenco siguen añorando, por lo común, un canon purista visiblemente superado por los almanaques de la realidad, los de la Biacs le achacan lo contrario, una pretendida modernez que no lo es tanto y que no ha tenido más remedio que asumir en algunas de sus declaraciones su comisario, Peter Weibel.

El lema de la Biacs es youniverse, tú eres parte del sistema que observas. Sus críticos pasearon durante la gala inaugural una pancarta con otro lema: Youperverse, Biacs no. Se trata de la Plataforma de Reflexión de Políticas Culturales, integrada entre otros por Pedro G. Romero, Miguel Benlloch, José Luis Tirado, Mar Villaespesa o el colectivo Zemos 98. Para la Plataforma, no resulta aceptable que la Biacs reciba tres millones de euros del erario público, con independencia del uso de instalaciones públicas, cuando favorece intereses comerciales privados. Pero su protesta es, fundamentalmente, estética. No sólo reprochan que se base en trabajos ya vistos en el ZKM, el museo que Weibel dirige en Alemania o en el de Badajoz, sino que a su juicio, el Bienalismo es caro y pasado de moda. Sobre lo expuesto aseguran que hay una abultada presencia de refritos españoles a pesar de, por ejemplo, primicias como el Go Doñana de la estadounidense Lillian Ball, una instalación interactiva de viñetas de vídeo sobre el parque natural que se suma a la supuesta e irreprochable intención de democratizar el arte y acabar con el espectador pasivo.

Los críticos habituales de la Bienal del Flamenco echan, en cambio, de menos lo rancio. Y es legítima su postura, salvo en aquellos contumaces que se niegan a creer que el flamenco, como cualquier otro arte, no puede ni debe fosilizarse: en los tiempos actuales, en los que el baile sigue predominando, es lógico que participe de la evolución de la danza y del teatro contemporáneo. Otra cosa es que persista un público y una crítica que quiera seguir soñando que el jondo sigue siendo un compartimento estanco, aislado en un irreal cuartito de los cabales. Y si bien la Biacs tendría que replantear hasta su propia existencia, la Bienal de Flamenco, a la vista de su éxito imposible de perpetuar en la iniciativa Málaga en Flamenco, tendría al menos que someterse a un repellado. Y preguntarse, por ejemplo, por qué apenas atrae jóvenes a sus funciones. Ahí está el futuro y no en los trilobites como yo mismo.

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