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Dos hombres buenos

La próxima celebración del séptimo centenario del condotiero Guzmán el Bueno en el monasterio de San Isidoro del Campo demuestra palmariamente las dificultades que tiene Sevilla de un camino que, sin duda, se trazó hace siglos con materiales mucho más duros que el hierro o la piedra.

el 16 sep 2009 / 03:17 h.

La próxima celebración del séptimo centenario del condotiero Guzmán el Bueno en el monasterio de San Isidoro del Campo demuestra palmariamente las dificultades que tiene Sevilla de un camino que, sin duda, se trazó hace siglos con materiales mucho más duros que el hierro o la piedra. Como los huéspedes del balneario de Marienbad, de la película de Alain Renais, existe una especie de condena no impuesta por nadie que obliga a repetir las mismas miradas a los mismos estucos, los mismos juegos con las mismas cerillas a alcaldes de izquierda o de derechas y académicos conservadores o revisionistas. Es igual.

También es este año fecha relevante para hacer ver que Casiodoro de Reyna publicó su Confessión de Fe cristiana, la primera obra de la Reforma Protestante en Sevilla, o que Cipriano de Valera obtuvo su cátedra de Teología en Cambridge, después de traducir y revisar su edición de la Biblia al castellano. Nadie se acordó nunca de ellos, aunque fueran dos monjes buenos de ese convento, porque no pudieron hacer otra cosa que huir antes de que los apresaran y porque leer esos libros en un idioma inteligible estuvo aquí prohibido hasta anteayer, como quien dice.

Sin lectura de la Biblia a su debido tiempo -en el Renacimiento, hace casi 400 años- tampoco pudimos aprender a interpretar lo leído, a reflexionar por nosotros mismos, a abrirnos nuestro propio horizonte, y tal vez por eso el púlpito, la cátedra y el escaño se apuntaron a la insondable y monótona repetición de las mismas palabras y los mismos gestos. Cuándo vaya a quebrarse el recorrido por esta cinta mental de Moebius nadie lo sabe, pero alguien, desde algún sitio, debería intentarlo aunque fuera sólo por ver qué pasaba. Mientras no se ensaye ese otro camino seguiremos estando más atrás de los pensamientos del Sargento York.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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