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Dos meses de vacío en Santa Catalina

El 11 de diciembre, Junta, Ayuntamiento y Arzobispado sellaban el pacto para la rehabilitación integral de Santa Catalina. Han pasado más de dos meses y no se ha avanzado. Que nadie espere a los albañiles en primavera. El motivo: una vez más, la falta de entendimiento entre la Iglesia y el Gobierno andaluz, que siguen usando el patrimonio de munición.

el 15 sep 2009 / 23:01 h.

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El 11 de diciembre, Junta, Ayuntamiento y Arzobispado sellaban el pacto para la rehabilitación integral de Santa Catalina. Han pasado más de dos meses y no se ha avanzado. Que nadie espere a los albañiles en primavera. El motivo: una vez más, la falta de entendimiento entre la Iglesia y el Gobierno andaluz, que siguen usando el patrimonio de munición.

Ninguna de las partes quiere gresca; ninguna quiere que se les malinterprete ni que un medio de comunicación les indisponga públicamente más de lo que ya lo están. Pero la cruda realidad es que, pese a sus esfuerzos de cara a la galería por parecer unidos, sigue sin haber feeling entre la Consejería de Cultura y el Arzobispado. El último episodio lo proporciona la rehabilitación de la iglesia de Santa Catalina.

El pasado 11 de diciembre, y tras varios años de espera y algunos meses sin ponerse de acuerdo en un borrador de convenio más o menos estandarizado, la Consejería de Cultura, el Ayuntamiento y el Arzobispado se sentaban en la Casa Grande y plantaban su firma en un documento que suponía la suma de voluntades para la rehabilitación integral -empezando por las cubiertas- de un templo tan fantástico como poco conocido más allá del Jueves Santo.

De aquel 11 de diciembre en que se selló el pacto por Santa Catalina han pasado más de dos meses en los que no se ha avanzado prácticamente nada. El convenio estipulaba que, en la primera fase de sustitución de las cubiertas, sólo pondrán dinero Urbanismo (705.000 euros) y Cultura (403.650 euros). El Arzobispado se limita a licitar la obra y, eso sí, su aportación económica se reserva para la segunda gran fase, la más costosa.

Sin confianza. El Arzobispado, al no ser administración, no requiere de tanta burocracia a la hora de contratar la obra, razón por la que se quedó en que fuese éste el que adjudicase la obra para ganar en celeridad. Tanto fue así que se llegó a decir que esta primavera habría obreros sobre el tejado de Santa Catalina. No será así. El secretario general del Arzobispado, Carlos González, no invita al optimismo: "El Arzobispado no contratará con ninguna empresa nada hasta no tener garantizadas las vías de financiación de los trabajos, y eso, hoy por hoy, no se da", afirma. "¿Cómo vamos a hacernos responsables de unas cantidades ante un contratista sin tenerlas amarradas de antemano para que después, si pasase algo, tengamos que responder nosotros?".

La pregunta es sorprendente por cuanto que sugiere que ni Junta ni Ayuntamiento han cumplido con su transferencia del dinero comprometido. "No, el Ayuntamiento sí lo ha hecho, aunque eso sí, hace una semana, no mucho más; es la Junta la que no nos da certeza de cuándo podrá librarnos su partida, y si sólo hay buenas palabras pero no una fecha fiable con la que poder organizarnos, no daremos un paso", resuelve tajante González.

En efecto, Cultura ha admitido que tiene ciertos problemas burocráticos. Básicamente, que el presupuesto de 2009 aún no está operativo y que su margen de maniobra es limitado. Sin embargo, el delegado provincial de Cultura, Bernardo Bueno, aun sin querer indisponerse con el Arzobispado, se defiende: "Les he dicho que tendrán el dinero en marzo, pero al parecer mi palabra no es suficiente...

Y la verdad, ha costado mucho firmar ese convenio para desatascar Santa Catalina como para que ahora se esté frenando el inicio de los trabajos. ¿Es que no pueden arrancar ellos con la partida de Urbanismo? La verdad, no entiendo cómo esa obra no está ya en marcha. La ciudadanía no va a comprender por qué, llegada la Semana Santa y habiendo firmado el convenio a finales del año pasado, sigue sin haber movimiento en la iglesia".

Lo que no hay. Mientras Arzobispado y Junta siguen sin limar sus asperezas y sin concienciarse de que el patrimonio no puede servir de arma arrojadiza, han transcurrido más de dos meses de vacío en Santa Catalina. Ni la Junta puede ser rehén de su propia burocracia cuando hay voluntad política firme de apostar por el templo, ni la Iglesia puede ser tan desconfiada que se deje ir mostrando la mayor de las frialdades para con un templo del que, no se olvide, es responsable directa.

Mientras el asunto se desatasca -urgen una comunicación más fluida entre las partes en conflicto-, el Arzobispado debería ya haber redactado el pliego de condiciones para la actuación en las cubiertas y haber contratado la obra. Una vez cumpla con su parte del trato -lo que no será, tal como están las cosas, a menos que Cultura de la Junta haga efectiva su aportación dineraria o certifique su transferencia por escrito-, invitará a varias empresas de solvencia a que presenten sus ofertas. "Las compararemos y nos quedaremos con la que más nos convenga", explica Carlos González. Y será entonces cuando los obreros podrán aparecer con todas las bendiciones por la calle Alhóndiga.

Por delante tendrán, si no hay más chinas en el camino, ocho meses de faena para devolverle a la gastada techumbre del templo unas garantías de resistencia y durabilidad de las que carece desde hace ya seis años. Para ello se acometerá el proyecto redactado desde hace unos años por el arquitecto Francisco Granero, el mismo que, en paralelo, se dedicará a redactar el plan de rehabilitación integral de Santa Catalina, es decir, la gran segunda fase, cuyo importe se estima, a día de hoy, en unos cuatro millones de euros.

El plan original era, una vez comenzada la restauración, encadenar faena tras faena para dejar la iglesia reluciente; habrá ocasión de comprobar si las diferencias entre el poder temporal y el divino, que decían los clásicos, no lo impiden.

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