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Dos orejas desmesuradas

El aspirante mexicano Brandon Campos apuntó posibilidades aunque fue premiado en exceso.

el 08 jul 2011 / 09:59 h.

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Se mantiene el excelente ambiente familiar y juvenil en los tendidos sevillanos en las noches de los jueves de julio y como el exceso de celo del cuerpo de seguridad se relajó en parte, el personal pudo disfrutar de sus pantagruélicas meriendas en paz y armonía.

La fórmula empleada este año por la empresa -tres aspirantes para seis novillos- tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Hay chicos que quedan vistos para sentencia y sin opción a apelación al primer muletazo y ofrecerles la oportunidad de un segundo eral es un tormento chino para la parroquia y una dura prueba para el actuante, que suele pasar un mal rato.

Algo así pudimos ver en la noche del pasado jueves. El ecijano Héctor Roberto ya se había mostrado eléctrico y agarrotado con el novillo que abrió plaza, un ejemplar de cortos viajes que le propinó un mamporro en medio de sus dudas, unos titubeos que evidenciaban preocupantes lagunas de valor. Esas lagunas se convirtieron en mar con el mucho más complicado y duro cuarto, que terminó de certificar su falta de firmeza. La faena fue un baile de pies mientras el eral campaba a sus anchas.

Algo parecido le ocurrió al sevillano Ferrater Beca, que se llevó a la plaza a un buen puñado de deudos y amiguetes. Pero todo acabó en algún capotazo suelto al segundo. La verdad es que le hicieron un flaco favor anunciándole. Alguien debía saber que no tiene gasolina en el motor.

El mexicano Brandon Campos, formado en la Fundación El Juli, fue el único que quiso siempre y pudo a veces. El presidente premió desmesuradamente su variada faena al buen tercero que quedó muy lejos del doble trofeo concedido la semana pasada al pacense Tomás Salguero. Campos mostró variedad, temple intermitente y un personal concepto de la expresión pero pecó de andar más pendiente de lo accesorio y a las series de toreo fundamental les faltó metraje y le sobraron demasiados enganchones. En cualquier caso, más allá de este análisis exigente, el manito muestra buenas cosas y ganas de ser y cayó de pie en la plaza de la Maestranza.

Parecía que iba a repetir la misma decoración con el potable sexto, al que toreó mayestático y escultural con el capote. Se gustó toreando de muleta con un leve codilleo y aunque volvieron a sobrar los enganchones mantuvo un tono notable que se interrumpió después de un achuchón que destempló al toro y al torero. El jurado ya tiene donde elegir.

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