Toros

Dos orejas y alguna duda

Lama de Góngora saldó su encerrona sevillana con el corte de dos trofeos generosos. Dentro del combo ganadero escogido sobresalió un novillo de Fuente Ymbro y otro de Luis Algarra.

el 12 oct 2014 / 21:59 h.

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Resumen 12 de Octubre 2014. Lama de Góngora from Maestranza Pagés on Vimeo. Plaza de la Real Maestranza Ganado: Se lidiaron novillos de los hierros de El Parralejo, manso y deslucido; Fuente Ymbro, emotivo en la muleta; Javier Molina, aplomado e intoreable; El Pilar, deslucido; el de Daniel Ruiz fue sustituido por un sobrero de Algarra, manso y noblón; el sexto, de Algarra, tuvo un gran pitón derecho. Único actuante: El novillero Lama de Góngora, de celeste y oro, cosechó el siguiente balance:ovación, vuelta al ruedo tras leve petición, silencio; silencio; oreja y oreja. Incidencias: La plaza registró media entrada en tarde fresca y algo desapacible. El festejo, organizado para la Cruz Roja Española, era el último de la temporada en la plaza de la Real Maestranza. Dentro de los hombres de plata destacaron Carretero, Rus y Curro Robles. El empeño de Lama estaba mediatizado por algunos condicionantes previos y por algunas premisas futuras pero ahora no es el momento de hablar de eso. Ya tendremos tiempo de hacerlo largo y tendido. Sin salir de las dos horas y media del festejo hay otros argumentos y algunas preguntas que permiten dibujar perfectamente el desarrollo de un espectáculo -cogido con alfileres en su planteamiento- en el que se apuntó más de lo que se disparó. ¿Qué habría pasado si  Lama hubiera entendido y aprovechado la emotiva embestida del ejemplar de Fuente Ymbro que hizo segundo? Seguramente habría cambiado la decoración por completo. Pero el joven novillero del Arenal, que había tenido muy pocas opciones con el tardo y soso pupilo de El Parralejo que rompió plaza, no siempre lo vio claro. Y lo pagó caro. Ese segundo no se había empleado con nobleza en los capotes pero hizo atisbar otras posibilidades durmiéndose en el peto en dos largos puyazos que calibraron su motor. El novillo de Fuente Ymbro llegó al último tercio pidiendo guerra y queriéndose comer la muleta. Lama le cuajó un puñado de muletazos intensos, bien hechos y bien dichos. Supo darle esa fiesta en las primeras series de su trasteo pero en la tercera tanda de muletazos comenzó la cuesta abajo y afloraron las dudas. El joven valor sevillano fue incapaz de remontar ese hondo bache y aunque esbozó algún natural de buen trazo en el ambiente quedó la sensación de haber quemado en balde un cartucho muy, pero que muy valioso. La cuesta empezaba a empinarse... El tercero, de Javier Molina, había cubierto el hueco del anunciado ejemplar de Victoriano del Río. Fue, con mucho, el peor del combo ganadero escogido para la ocasión. El novillo de los campos de El Sardinero buscó los novillos de Lamita, que también pudo contemplar como había echado el freno en las primeras arrancadas resultando intoreable. En ese punto, la tarde comenzaba a entrar en terrenos muy resbaladizos y con las tres bolas que aún quedaban en el bombo había que apostar a todo o nada. Pero el peor tramo del festejo se viviría con el cuarto, del hierro de El Pilar, un utrero que hizo cosas esperanzadoras en el capote sin que Lama acertara a estirarse. Sí equivocó por completo la estrategia prolongando sin sentido un trasteo ayuno de rumbo con un animal deslucido, de viajes cortos que demandaba brevedad y resolución inmediata. Devuelto el quinto titular por partirse el pitón en una tronera, Lama de Góngora se fue a chiqueros a recibir al sobrero de Algarra, al que enjaretó media docena de largas cambiadas que también trocaron el signo de la tarde. Había levantado los ánimos: el del público y el suyo propio. Brindó a la brigada de areneros -mire usted- y planteó la faena en los terrenos que pedía el temperamento manso de su enemigo, que sólo se empleó en diez o doce pases cuajados con buen trazo  y templanza antes de renunciar a la pelea. La estocada, cobrada en la puerta de chiqueros, validó la concesión de una oreja de circunstancias a favor de palco y público. Aún cortaría otra oreja del sexto, un importante ejemplar de Luis Algarra -la vacada llevaba casi treinta años sin pisar la plaza de su tierra- al que cuajó una faena de más a menos que perdió el hilo cuando cambió el engaño de la mano derecha a la izquierda. Había logrado torear con sentido de la expresión y muy reunido a ese novillo pero tal y como le había pasado en lidias anteriores, fue incapaz de salir del hondo sumidero en el que se había metido la faena. Se estaba acabando la mecha pero la solvencia de su acero y el cariño de los suyos pusieron en sus manos otra generosa oreja.

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