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Dos peritos creen imprevisible el derrumbe en Bustos Tavera que mató a una joven sevillana

Los expertos, que han comparecido en la segunda jornada del juicio, aseguran que el muro "no tenía indicios de un hundimiento inminente como grietas o humedades".

el 16 sep 2009 / 01:57 h.

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Dos peritos han dicho hoy al juez que el derrumbe de una fachada en la calle Bustos Tavera de Sevilla, donde murió una joven de 25 años, era "difícilmente previsible", si bien han reconocido que el andamio que sujetaba el muro no era el proyectado y que no se habían hecho catas sobre su estado.

En su comparecencia en la segunda jornada del juicio que se celebra contra dos arquitectas, un aparejador y un promotor, una de las expertas ha asegurado que el derrumbe "no era previsible ni humana ni técnicamente" y que el muro no tenía indicios de un hundimiento inminente tales como grietas o humedades.

La segunda experta coincidió en que el siniestro "era difícilmente previsible" y que el muro "no parecía demandar otras medidas" de refuerzo, si bien precisó que "se podrían haber tomado medidas para evitar el colapso, pero todas ellas caras".

Ambas coincidieron en que el andamio que sujetaba la fachada no era el inicialmente previsto en el proyecto, que no se habían hechos los cálculos de tensión y señalaron como una de las posibles causas del derrumbe la ampliación de un dintel que se había hecho tres meses antes del accidente para permitir la entrada de los camiones.

Dicha ampliación, sin embargo, estaba amparada por la licencia de obras que concedió el Ayuntamiento, precisó la experta.

También negaron que se hubieran hecho catas para conocer la naturaleza del muro, como defendieron los acusados, pero explicaron que el colapso de una fachada, en lugar de su vuelco, es un hecho extremadamente raro y una de las expertas precisó que solo ha visto dos en sus treinta años de ejercicio.

"El muro era malvado", definió esta especialista.

Ambas coincidieron también en que el responsable de definir el tipo de andamio que debía sujetar la fachada y dar las "órdenes de seguridad estructural" eran las arquitectas imputadas, en contra de lo afirmado por una de ellas, M.O.S.Y., que atribuyó tal responsabilidad al aparejador procesado.

Por el derrumbe, ocurrido el 6 de abril de 1999, la Fiscalía de Sevilla reclama un año de cárcel para las dos arquitectas y el aparejador, así como el pago de 120.202 euros de indemnización a los padres de la víctima, una joven de 25 años, natural de Barcelona, que estudiaba en el Conservatorio de Sevilla.

En la primera jornada del juicio, la arquitecta M.O.S.Y. afirmó que el estado de la fachada en sus nueve metros de longitud era "razonablemente bueno", pues no tenía fisuras ni desplomes, las rejas estaban en su sitio, el mortero de los ladrillos estaba en buen estado y en las catas aparecía macizo en su totalidad.

También atribuyó el siniestro a un fallo "local" en algún punto del muro a la altura del número 35 y 37 de dicha calle, de lo que culpó a las "deficiencias constructivas del siglo XVIII".

El imputado J.L.C.R., administrador de la Comunidad propietaria del inmueble, a quien solo imputa la acusación particular, manifestó al juez que la Gerencia Municipal de Urbanismo les puso "reparos de menor importancia" sin plantear nunca una posible paralización de las obras.

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