Cofradías

Dos rosas y una corona de medio siglo

La marcha ‘Caridad Coronada’ recuerda el aniversario de la coronación a la salida del palio.

el 31 mar 2010 / 21:13 h.

La Virgen de la Piedad sostiene al Cristo de la Misericordia por una calle Adriano repleta de público.

A las 17.35 horas, con una puntualidad más suiza que torera se abrieron las puertas de la capilla de la Piedad. La marea azul (túnicas y cirios del mismo color) empezaba a desbordarse por Adriano. Su paseíllo traía aires de las tardes grandes de abril. Y no era sólo por las zonas de sol y sombra que se repartían a ambos lados de la calle y en las que más de uno hubiera dado lo que fuera por uno de esos sombreros de ala ancha que anunciaba el escaparate de Padilla Crespo. Los bajos de las túnicas, las punteras de los zapatos y hasta el pabilo aún apagado de la cera venían maquillados con el albero maestrante de la vecina plaza de toros. De allí partía el caudaloso río de capirotes (más de mil) que se colaba por un lateral de la capilla para, tras brindar su estación de penitencia a la Piedad y a la Caridad, las dos rosas del Arenal, saltar al ruedo de asfalto tomado por abundante público y un ejército de cámaras, con algún que otro micrófono de programas del corazón y todo.

Había que bordar la faena de ayer; más aún cuando todas las miradas estaban puestas en esta jornada después de los retrasos acumulados el año pasado. La hermandad ya había tomado algunas medidas, como prescindir de la calle Santas Patronas y tomar directamente por Pastor y Landero para llegar a Reyes Católicos. Pecho con espalda, los nazarenos fueron perdiéndose camino de la Campana. El reloj daba las campanadas. Eran las seis de la tarde y aún no había salido el primer paso. El pregonero de la Semana Santa de 2006, Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp llega hasta la misma puerta. No trae más credencial que el alzacuello y el amor a esta cofradía que siente como suya: "Siempre me ha gustado el Baratillo. Creo que es por la mirada de la Piedad, que tiene algo que emociona", explica este mediático prelado, asiduo estos días al club de cangrejeros que florece en la delantera de los palios.

Lágrimas de San Lorenzo acompañan a la Piedad y al Cristo de la Misericordia por el bosque esquelético que conforman los árboles recién podados de la calle Adriano.

La otra rosa del Arenal, la Virgen de la Caridad, aguarda su salida. Medio siglo hace que recibiera la corona de oro de manos del cardenal Bueno Monreal y el capitán general Antonio Castellón. En su pecho lleva prendida la Medalla de la Ciudad que recibió en diciembre. Su salida es saludada con una nueva marcha que recuerda la efemérides: Caridad Coronada; mientras una señora grita: "Dios bendiga a los costaleros del Arenal". la frase emociona a todos. Bajo las trabajaderas va metido todo el cariño del Arenal, el de hace años y el de ahora.


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