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Rocío

Dos siglos de camino y esperanza desde el Aljarafe

Un millar de rocieros umbreteños iniciaron su peregrinar a la aldea del Rocío en un año muy especial, donde se vivieron escénas inéditas, como la visita a la capilla del patrón San Sebastián.

el 04 jun 2014 / 23:38 h.

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Salida de la Hermandad del Rocio de Umbrete a su paso por Benacazon / Foto: José Luis Montero. Salida de la Hermandad del Rocio de Umbrete a su paso por Benacazon / Foto: José Luis Montero. Eugenia Jiménez (FOTOGALERÍA. SALIDA DE UMBRETE) Lo vivido ayer por mañana a las puertas de la iglesia Nuestra Señora de Consolación de Umbrete solo puede definirse con dos palabras, fe rociera. Unas mil personas se agolpaban en el interior del templo y en los alrededores de la plaza, algunos, peregrinos; y otros, testigos de ese momento único que solo comprenden aquellos que esperan acompañar cada año a su simpecado. Y este, no era un año cualquiera, nada más y nada menos que el 200 aniversario de su fundación, con el que los vecinos de Umbrete se han volcado:la conmemoración de doscientos caminos vividos, de risas, lágrimas, amanecidas, oraciones, ilusiones y promesas. Apenas eran las ocho de la mañana cuando daba comienzo la misa de romeros en la iglesia de la Anunciación. La salve vaticinaba el arranque del camino. El Bicentenario reunía en la salida al alcalde, Joaquín Fernández Garro, rociero de cuna, al presidente de la hermandad, Agustín Pérez, y a multitud de devotos que se congregaban dentro y fuera del templo en una mañana rociera. Concluida la misa, salía el simpecado de su iglesia para ser colocado en el cajón de madera e iniciar su peregrinar hacia las marismas. Sevillanas y rumbas umbreteñas ponían el broche a un pistoletazo de salida en el que sobraban razones para estar de celebración. Salida de la Hermandad del Rocio de Umbrete a su paso por Benacazon / Foto: José Luis Montero. Salida de la Hermandad del Rocio de Umbrete a su paso por Benacazon / Foto: José Luis Montero. Con el repique incesante de las campanas de la iglesia, se despedía al simpecado, que ya montado en su carreta iniciaba su peregrinar, arropado por sus vecinos rocieros. Vecinos con ojos vidriosos, recuerdo vivo de esos caminos guardados en la memoria, acompañaban al simpecado en su recorrido de despedida por las calles del pueblo. Pero antes de marcharse todavía quedaban momentos únicos por vivir. El cajón de madera llegaba hasta la plaza Virgen del Rocío acompañado por la tradicional banda de música. Era una recompensa efímera para unos peregrinos que comenzaban a darse cuenta de que el destino de estos días de camino, fiesta y oración será el encuentro esperado con la Blanca Paloma en su ermita. Pero habrá que esperar hasta la mañana del viernes. Tras abandonar su pueblo, reanudaría el Simpecado su marcha para hacer otro alto en el camino, esta vez en el pueblo hermano de Benacazón, donde cada año es recibida la hermandad en loor de multitudes. Sigue el simpecado su camino hasta la ermita, acompañado de 52 carriolas y de miles de peregrinos que esperaban con emoción este Rocío y que, seguramente, no han podido conciliar el sueño esta noche. Para el pueblo de Umbrete el camino y el transcurrir de su semana grande, la rociera, no es solo un sentimiento de fervor y devoción hacia la Señora; es algo más. Un pretexto que utilizan para sentirse más unidos que nunca, para olvidar rencores, y para buscar aquello que les une –su pasión por el Rocío– y no lo que los separa. Tanto es así que tienen una forma muy particular de entender las responsabilidades dentro de la hermandad. Aunque hay quienes ostentan cargos de importancia, en el fondo son todos los hermanos los que asumen el compromiso para que la llegada a la aldea sea cada año, y mucho más en su doscientos cumpleaños, un éxito de convivencia entre todos ellos. «Nuestro hermano mayor es el pueblo de Umbrete», explicaba minutos después de la salida un emocionado Agustín Pérez, presidente de la corporación rociera. En consonancia con esta idea, otras novedades relacionadas con el bicentenario, como la construcción del monumento dedicado a este aniversario. Éste se inauguró el pasado domingo en la plaza Virgen del Rocío, y los mil azulejos que lo integran han sido sufragados por los vecinos de la localidad aljarafeña, con la ayuda en la promoción del Ayuntamiento. El mosaico aglutina tres elementos cargados de simbología: la imagen de la parroquia de Umbrete, el cajón de madera de principios de siglo de la hermandad y el Santuario de la Virgen. Los tres conforman un todo en representación de los doscientos años de camino. En lo que a sentimientos y fe se refiere, resulta difícil explicarlo, y más aún entenderlo sin haberlo vivido. Y eso es lo que sucede con el camino del Rocío: que hay que vivirlo para contarlo. Y el pueblo de las famosas sevillanas de María la Morena lleva unas cuantas peregrinaciones tras de sí, doscientas, se dice pronto. Una salida en la que las emociones eran difícilmente contenidas. Devotos riendo y llorando al mismo tiempo, vítores, palmas, cánticos a coro, y la vocecita de un niño en el interior de la iglesia, que ejemplificaba lo que es ser rociero de cuna, y que no hay nada más fuerte que el legado que deja la memoria, y que la patria de cada uno es la infancia. Recuerdos que muchos de los peregrinos que cada año acompañan a su Simpecado hasta la aldea, seguramente guardan en su memoria. «He vivido casi tantos caminos como mi hermandad de Umbrete», decía una anciana unos minutos después de que el simpecado cruzara el dintel de la iglesia de la Virgen de Consolación. Miles de historias allí acontecían, tantas como peregrinos había. Una mañana tan cargada de emociones como de colorido, de los trajes de flamenca y batas que lucían las umbreteñas; de todos los gustos y colores, de las carriolas, de los caballos y del cielo azul . Orgullosos del camino recorrido e ilusionados por el que acababa de empezar. Así comenzaba esta peregrinación para los umbreteños, que obtendrían su verdadera recompensa al mirarse frente a frente con la Virgen del Rocío y celebrar juntos sus doscientos años de fe rociera.

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