Rocío

Dos siglos de esencia en Triana

La hermandad más antigua de Sevilla parte a la aldea con un barrio totalmente entregado. 4.000 romeros acompañan al Simpecado.

el 04 jun 2014 / 19:08 h.

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Salida de la Hermandad del Rocio de Triana. Foto: José Luis Montero. Salida de la Hermandad del Rocio de Triana. Foto: José Luis Montero. (FOTOGALERÍA) Triana sabe a Rocío, y El Rocío sabe a Triana. La hermandad más antigua de Sevilla puso este miércoles rumbo a la aldea almonteña para seguir aquella vieja tradición que hace más de doscientos años comenzó en el viejo barrio. Los llamarían locos, pero no lo eran. Eran devotos de la Virgen. Nada más. Han cambiado muchas cosas, demasiadas, pero la esencia de los trianeros sigue siendo la misma. Triana es un barrio rociero. Todo tiene un sabor especial y sus vecinos se encargan de mantener viva la idiosincrasia del barrio para intentar llevar al Simpecado hasta la blanca aldea a imagen y semejanza de como lo hicieron hace dos siglos. Muchos trianeros de varias generaciones han tenido que emigrar a otras zonas de la ciudad por culpa del precio de la vivienda, pero siempre hay algunos días señalados en rojo en el que se citan más allá del río los de toda la vida. Desde bien temprano se agolparon los rocieros en los alrededores de la pequeña capilla de la calle Evangelista para comenzar la peregrinación escuchando la misa de romeros y encomendándose a la Chiquitita para que todo vaya bien esta semana. Ahí brotaron ya las primeras lágrimas y los primeros palos de sevillanas al Simpecado. «No me podía aguantar, la llevaba muy dentro y tenía que cantarla ya», explicó el romero que cantó al Simpecado cuando todavía el prioste se afanaba en colocarlo perfectamente dispuesto en la carreta de plata. Sus lágrimas no fueron las únicas. Fueron muchas durante la mañana, pero todas eran un manantial de fe y devoción; por un ruego o una promesa que cumplir. Es el caso de un peregrino que cumple este año sus bodas de plata caminando con Triana y que necesita que la Virgen le eche un capote. La vida da golpes duros y en ocasiones es difícil reponerse. Hace el camino por fe y porque sabe que no se debe recibir sin intentar, al menos, dar algo a cambio. Así es la esencia del Rocío. Salida de la Hermandad del Rocio de Triana. Foto: José Luis Montero. Salida de la Hermandad del Rocio de Triana. Foto: José Luis Montero. La mañana iba avanzando y el barrio iba entrando en plena ebullición a media que la carreta de plata iba avanzando por las calles. San Jacinto, San Jorge y Castilla eran puntos claves en la despedida del barrio. Las paradas obligadas ante las hermandades de La Estrella, La O y El Cachorro fueron puntos calientes para todos los romeros y cofrades. Ahí se rezaron las primeras salves del camino. La Virgen recibió las primeras petaladas y se gritaron a los cuatro vientos los más sentidos vivas a la Virgen del Simpecado. Salida de la Hermandad del Rocio de Triana. Foto: José Luis Montero. Salida de la Hermandad del Rocio de Triana. Foto: José Luis Montero. A su paso por Castilla, Triana ya regalaba a la vista esa larga hilera de carretas tiradas por bueyes que son tan características de esta hermandad y de la que tanto presumen, con razón, los trianeros. Son más de cuatro mil peregrinos caminando con Triana para llegar al Rocío, una cifra que aumenta todavía más la responsabilidad del hermano mayor, Ángel Rivas. «Es mucha la responsabilidad pero le pedimos a la Virgen que lleguemos todos bien al Rocío y no ocurra nada», explicó el hermano mayor trianero. La hermandad seguía caminando y poco a poco iba dejando el barrio para cruzar el río y llegar a Castilleja de la Cuesta. Un pueblo que no tiene hermandad porque desde hace muchos años tomó a Triana como la suya propia. Seguía fiesta. Seguía le devoción. Seguía el camino de Gloria. Triana continuaba caminando hacia El Rocío. Como hace más de doscientos años. Como siempre. Como Triana.  

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