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Dos tardes con Rubalcaba

el 04 oct 2011 / 11:40 h.

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Eugenia junto a su madre y prometido el domingo pasado.
De tantas fortuitas lecciones de economía a las que estamos asistiendo en precampaña electoral, me quedo con una magistral del candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, véanlo en la imagen de la derecha impartiendo doctrina. Su enseñanza, después ligeramente matizada al darse cuenta, por mediación de terceros, seguro, de que había sugerido, que no dicho, un disparate, consiste en sembrar dudas sobre si España se está pasando en su dosis de recortes y ahorros presupuestarios y si tan dislocada tijera, corta aquí y allí, terminará minando el crecimiento y la creación de empleo.

De entrada, resulta cuanto menos curioso que extienda las sospechas quien accedió finalmente a respaldar la reforma urgente de la Constitución para establecer un límite al déficit -y, consecuentemente, al endeudamiento- de las administraciones públicas, habida cuenta de que en este país de reinos de Taifa o el control de los dineros se impone por fuerza legal mayor, ésa que viene de la Carta Magna, o las autonomías ejecutan su real gana. Esta incongruencia de Rubalcaba, vamos a dejársela pasar, seamos comprensivos, estamos en campaña y en ella los individuos políticos son así, dicen Diego donde dijeron digo, no preocupa tanto como el hecho de haberse aislado, cosas de los mítines y del hablar por hablar, del gravísimo contexto europeo en el que estamos, con Grecia bordeando la bancarrota y una población helena sufriendo cada vez más y más sacrificios.


Me pregunto, por tanto, si no será mejor quedarse ahora largos en los recortes y ahorros que lamentar, como los griegos, habernos quedado cortos. Seguro que un sudor frío, aún peor que el caliente, recorrió todito el cuerpo del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando el constante azote de los especuladores -ésos que eufemísticamente conocemos como mercados- y el encarecimiento de la deuda pública le obligaron el pasado agosto a interrumpir sus vacaciones durante unas horas en las que España parecía que se arrastraba irremediablemente hacia el abismo. Sus ojeras, hasta los pies, eran reflejo de la preocupación existente, a ver si se cree Rubalcaba que los tiburones, a una voz de ordeno y mando, se han alejado de las aguas nacionales sólo porque él quiere, a partir del 20-N, capitanear este barco.

Tras las dudas hechas públicas por el aspirante, vamos incluso a tenerle que agradecer a la canciller germana, Angela Merkel, sus declaraciones alabando el esfuerzo del Ejecutivo español para capear el temporal, aunque a uno, escéptico donde los haya, le surgen sus propias dudas sobre si la señora lanzó loas de verdad o de mentirijillas, en un intento de frenar una crisis que amenaza a toda la Eurozona, incluida Alemania.

De todas formas, si Rubalcaba está convencido de que son excesivos los recortes, supongo que se referirá a los sociales, sosteniendo, así, su argumento electoral de que sólo los del PP, ricos ellos, quitan a los trabajadores, pobrecitos de nosotros, como si no hubiera sido un Gobierno socialista, del que él era ministro, el que rebajó el sueldo a los funcionarios, congeló las pensiones y eliminó otras ayudas estatales para el pópulo (el cheque bebé, por ejemplo) y como si no hubieran sido los gobiernos socialistas los que comandaron comunidades que hoy se las ven y se las desean para poder cuadrar sus cuentas, no solamente Castilla-La Mancha o Extremadura, sino también Cataluña.

Eso sí, la mala gestión del dinero de los contribuyentes no es patrimonio ni de unos ni de otros, y todos los partidos tienen herencias por las que callarse. En cambio, del candidato Alfredo, así gusta que le llamen, no he percibido especial interés en atacar los gastos superfluos de las administraciones públicas, precisamente donde cabría aplicar más la esquiladora para evitar que, a la larga, ésta no siga rapando la cabeza de los trabajadores.

Ysiguiendo con las lecciones que nos ofrece la contienda electoral, Rubalcaba parece erigirse en sucesor de la fallida refundación del capitalismo que en su día, en tiempos en los que afloraron las vergüenzas de quienes nos condujeron a la crisis, concibiera el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Así se desprende de sus promesas -subir impuestos a los ricos, tasas para la banca, paridad en las cúpulas directivas de las empresas, etcétera-, que suenan añejas en un partido, el PSOE, que si no las puso en marcha antes, qué credibilidad merecen en una España intervenida de facto.
No. La economía no se aprende en dos tardes, las que en 2003 aconsejara el secretario de Economía del PSOE, Jordi Sevilla, al entonces candidato Zapatero. Así le fue a Sevilla, así le ha ido a Zapatero, ¿así le irá a Rubalcaba?

http://blogs.elcorreoweb.es/lasiega/

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