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Dos tercios de los profesores con un proyecto educativo se quedan en las Tres Mil

el 07 jul 2012 / 18:56 h.

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Dos tercios de los maestros y profesores que durante los dos últimos años han sido elegidos para trabajar en puestos específicos en el Polígono Sur han cubierto las expectativas socioeducativas que se les demandaban y podrán continuar un año más en el barrio, desarrollando los proyectos que tuvieron que presentar para ser seleccionados, lo que garantiza la continuidad de este trabajo y la estabilidad de la relación entre los docentes y los niños.

La elección de estos docentes se hizo dentro del plan educativo diseñado por el Comisionado para el Polígono Sur, que exige una implicación más allá de la que demandan otros barrios: la preocupación por los alumnos y sus familias, incluso fuera de los muros del centro; o la participación en actividades extraescolares son imprescindibles en una zona donde el fracaso escolar o el absentismo han sido endémicos durante mucho tiempo, aunque ahora se lucha contra ellos dentro del Plan Integral de Rehabilitación del Polígono Sur. Por eso, para continuar en estos puestos específicos, los docentes interinos son supervisados cada año por una comisión mixta que evalúa sus resultados.

Los interinos con puestos específicos en el Polígono Sur son más de 300 maestros y profesores, de todas las etapas educativas. De ellos, en torno a dos tercios permanecerán un año más, mientras que el resto tendrá que ser renovado, porque su trabajo no ha recibido el visto bueno de la comisión supervisora o porque ellos mismos han pedido el traslado a otro centro.

En concreto, se quedarán un año más 133 maestros de Infantil, Primaria y Educación de Adultos, así como 97 profesores de Secundaria y Formación Profesional, según explicó la coordinadora de Educación del Comisionado, Maribel Rivero. El Comisionado pidió hace tres años cambiar el sistema de selección de los profesores y la delegación de Educación implantó este nuevo sistema que, a la vista del alto grado de permanencia de los docentes, está funcionando.

Hasta hace tres años, en el Polígono Sur los centros elegían a sus docentes, un sistema único en toda Andalucía. Y sus plazas quedaban blindadas, sin salir a concurso, para garantizar la continuidad de los proyectos educativos. Pero el Comisionado detectó que había profesores que se habían acomodado y sus resultados se resentían, y al diseñar su proyecto para el plan de regeneración del barrio pidió que las plazas volvieran a salir a concurso para cualquier profesor de Andalucía, favoreciendo la competencia. Aunque se ideó otro sistema específico para sus necesidades: fueron evaluados por una comisión formada por directores de centros de otros barrios (para evitar favoritismos), y técnicos del Comisionado y de Educación.

El primer año se seleccionaron maestros de Infantil, Primaria y Educación de Adultos, que debieron explicar en un proyecto sus líneas de trabajo, motivaciones y medidas socioeducativas propuestas para mejorar la situación académica de barrios que han alcanzado un 40% de fracaso escolar.

Luego venía una entrevista personal. Muchos de los docentes que trabajaban en la zona pensaron que era un mero trámite, pero no fue así, por lo que no pasaron la criba y fueron sustituidos, pese a la experiencia que acumulaban algunos de ellos. El segundo año les tocó a los de Secundaria y Formación Profesional. Este es por tanto el primer año que se renuevan todas las etapas educativas y es posible calibrar el grado de permanencia.

El riesgo que existía al implantar un sistema nuevo era que se volviera a una antigua tara del Polígono Sur: que los maestros jóvenes lo pidieran para acercarse a Sevilla, pero al enfrentarse a la dificultad del trabajo se marcharan al año siguiente, rompiendo continuamente los equipos educativos, restando estabilidad a las líneas de trabajo e impidiendo que se crease un vínculo entre alumnos y profesorado.

Para el comisionado, Jesús Maeztu, el que no haya sido así es un logro: "Estamos muy satisfechos porque significa que los equipos funcionan, y nos hemos evitado volver a empezar de cero", explicó Maeztu, que precisó que el control anual del trabajo docente garantiza que los interinos no se acomoden y sigan haciendo en sus centros todo el esfuerzo que precisa el plan educativo que se diseñó para la zona.

"MAESTROS QUE QUIERAN ESTAR"

"Estos niños se merecen a gente que quiera trabajar con ellos", afirma Mariluz Delgado, que tras un año como profesora de Educación Física en el Manuel Giménez Fernández ha decidido pedir la continudad. "Me ha encantado la manera de trabajar y espero quedarme muchos años, porque es un trabajo gratificante: con estos alumnos ves la evolución", asegura. Eso sí, son muchas las veces que debe explicarse ante amigos y compañeros que le preguntan: "Pero, ¿te vas a quedar ahí?". Mariluz, gaditana de 33 años, estaba en Córdoba en un centro "normal" cuando decidió presentarse a un puesto específico para un centro "complicado", "porque la bolsa de trabajo está muy mal y no se sabe qué puede pasar".

Tuvo que documentarse para realizar el informe que le pedían, en el que debía explicar cómo pretendía reducir los niveles de absentismo y mejorar la enseñanza y la convivencia. Admite que eligió el Giménez Fernández porque "estaba un poco asustada" y pensó que al no estar tan metido en el Polígono Sur la población sería menos difícil. Se equivocó. "Hay tantos niños de Las Vegas como en otros coles". También admite que empezó con mal pie, porque daba por sentadas normas de educación que en la zona no lo son. "Ellos están acostumbrados a que si te pegan, tú pegas; y las niñas se tiran del pelo. Eso lo trasladan de la calle al colegio y del colegio a la calle. No están acostumbrados a resolver los conflictos hablando y cuando ocurren, que fue lo primero que quise enseñarles".  Advirtió pronto que reñir no servía de mucho, porque competían con ella, que llevaba además el lastre de ser "de Educación Física y mujer". Pero le funcionó el consejo de sus compañeros: "Escucharlos, hablarles y explicarles las cosas es más efectivo, porque cuando dejan de desconfiar se enganchan a las actividades".

Ahora, Mariluz está "muy orgullosa" de su trabajo y de que, al decir que se quedaba, alumnos y madres se hayan alegrado de que siga en el centro. Entre sus asuntos pendientes, tiene claro que el más importante es atraer a los padres que aún no se han implicado en la educación de sus hijos, porque si las familias no se conciencian de la importancia de la educación, los niños tampoco.

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