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Drácula es del Sevilla, pero no busca sangre

Luis Fabiano celebró ayer su 29 cumpleaños con dos goles –ya lleva cinco en la Liga– y con una victoria. El brasileño nació un 8 de noviembre, como Vlad
Tepes, Conde Drácula para la posteridad. El primero tiene una enorme sed de goles, sin ellos no sabe vivir. El segundo era un obseso de la tortura y de la sangre. Mejor quedarse con los goles.

el 08 nov 2009 / 23:42 h.

El Sevilla formó con un 4-5-1 en la recta final
Luis Fabiano celebró ayer su cumpleaños a lo grande. El genial delantero brasileño nació un 8 de noviembre de 1980 y ayer cumplió 29 años. También un 8 de noviembre, pero de 1431, nació en Rumanía Vlad Tepes, príncipe de Valaquia y también conocido como Vlad III El Empalador por su sanguinaria constumbre de utilizar esta técnica de torutura con sus opositores y delincuentes. A más de 100.000 personas empaló el tal Vlad. Personaje en el que se inspiró el escritor irlandés Bram Stoker –nacido también, por cierto, un 8 de noviembre, pero de 1847– para crear su célebre personaje Drácula.

La leyenda, la historia, la literatura y el cine han provocado con el tiempo que al príncipe valaqués se le haya asignado el calificativo de sanguinario y que incluso se le relacione con el vampirismo, por aquello de beberse el plasma líquido. No se conoce que a Luis Fabiano le atraiga tan particular fluido, por supuesto, pero debe ser algo en común en los nacidos el 8 de noviembre el instinto algo asesino. En el caso del delantero sevillista, claro está, en el terreno de juego en vez de los campos de batalla. Y la sed de goles en lugar de la sangrienta.

Porque Luis Fabiano, “de carácter volcánico e impredecible”, calificativos que definen a Vlad pero que vienen al pelo para el brasileño –será por el 8 de noviembre–, no deja títere con cabeza cuando se acerca al área contraria. Ayer se cargó en dos zarpazos al oponente Villarreal. En dos genialidades, una con el pie, otra con la cabeza, que decantaron el difícil partido que se le presentó al Sevilla y permitieron un cumpleaños de lo más feliz.

Poco instinto asesino, la verdad, se le ve a Jesús Navas, aunque en el terreno de juego sea incisivo. Hoy puede cerrar, si Del Bosque lo creee oportuno, una importante etapa de su vida deportiva en la que ha estado de espaldas a la selección. Él se lo merece, y España también.

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