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Cultura

Duelo de grandes

el 28 ene 2012 / 13:03 h.

Teatro de la Maestranza. 26 de enero. Programa: Variaciones sobre un tema de Haydn, Op. 56a, Brahms. Concierto para piano y orquesta, Ravel. Así hablaba Zarathustra, Strauss. Intérpretes: Tzimon Barto, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director. 8º Concierto de abono. 

 

La visita del inglés John Axelrod al podio de la Sinfónica de Sevilla se saldó con uno de los conciertos más interesantes de cuantos llevan acaecidos en la presente temporada. Director entusiasta, de gesto amplio y preciso y de indisimulado apasionamiento, no se deja llevar por el arrojo y pone las cosas en cada sitio, algo que demostró desde unas muy bien dichas Variaciones sobre un tema de Haydn de Brahms, aligeradas de peso -estamos ante una partitura temprana- y con una exposición muy clásica de unas partes y otras, siempre adecuándose ejemplarmente a los tempi propuestos por el compositor.


Más dudas había al respecto de lo que de sí podía dar el Concierto de Ravel en manos de Axelrod y del hercúleo pianista estadounidense Tzimon Barto. Uno y otro entendieron la ligereza casi urbana de la partitura y ofrecieron una versión animada en la que se entresacó todo el juego a las maderas y se lograron momentos de especial inspiración entre el solista y la ROSS. Menos bien resultó el Adagio assai, dicho con excesiva morosidad más por intención expresa de Barto que de la atenta batuta de Axelrod que, simplemente, se dejó guiar desde el teclado. En la propina chopiniana se demostró que el pianista americano domina tanto la técnica y la pulcritud en el tocar como ignora el estilo de los músicos que aborda.


Que Axelrod es un maestro de repertorio amplio, tan afin al romanticismo como a la música contemporánea e incluso a la música de cine había de notarse en el abordaje del Zarathustra straussiano. Fue, en conjunto, lo mejor del programa. Una versión de tintes apocalípticos en la exposición del tema inicial que luego derivó, antes que en fuegos de artificio, en una ejecución en la que exprimió todo el jugo camerístico de la obra, sin atisbo de ostentación sonora, sacando lo mejor de la cuerda (excelente la grave) y una respuesta global que fluía con naturalidad al compás de una batuta que recibió una ovación superior a la que habitúan a llevarse los directores invitados en la temporada de abono.  

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