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Dulce compañía en urgencias

El programa, que ya existe en el resto de áreas, se amplía a este servicio

el 24 jun 2013 / 08:00 h.

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Amor lleva meses ayudando a enfermos de neurocirugía Amor lleva meses ayudando a enfermos de neurocirugía Sentirse enfermo ya es duro. Estar en una sala de urgencias esperando sin saber qué nos pasa, desesperante. Y esperar solo, sin nadie con quien compartir la angustia para que nos tranquilice, es algo que el Hospital Macarena se ha propuesto evitar. Seis voluntarios se turnan en las salas de espera de urgencias generales y de traumatología simplemente para acompañar a pacientes que están solos o incluso aquellos acompañados cuyos familiares no solo no saben tranquilizarlos sino que lo pasan aún peor que el enfermo. Es el programa A tu lado en urgencias, que supone extender a esta área el servicio de acompañamiento que hace ocho años se inició en pediatría con el programa Diver y desde hace cuatro existe, bajo el nombre de Unidad de Tiempo, en las plantas de hospitalización, las salas de rehabilitación de neurocirugía y el área de cuidados paliativos de San Lázaro. En total, más de 250 voluntarios dedican parte de su tiempo a acompañar en las habitaciones a enfermos que no tienen familia o cuando ésta necesita ausentarse, les ayudan a hacer los ejercicios de rehabilitación o juegan con los niños ingresados. Entre ellos, la coordinadora de Voluntariado y Comunidad del Hospital Macarena, Marta Serrano, ha seleccionado a los “más veteranos que ya conocen el funcionamiento del hospital, saben moverse y las normas” para iniciar el programa en urgencias, donde “no sirve cualquiera”. Allí los pacientes están especialmente vulnerables y además deben ser ágiles para reaccionar ante cualquier situación. Han recibido una formación específica, no solo psicosocial sino también para conocer cómo se trabaja en Urgencias, el protocolo que se sigue con cada ingreso e incluso han recorrido con el personal todas las instalaciones. Amor y Enrique se pasean por la sala de espera con sus batas blancas. Un punto verde en la espalda que les identifica como voluntarios. Enrique se acerca a una mujer mayor que espera sola en una silla con una radiografía en la mano. Se presenta, le pregunta qué le pasa, cómo está y empieza la charla. Mientras, Amor trata de tranquilizar a una joven en una camilla  con un ataque de ansiedad. “Eso no es nada, a mí también he pasado”, le dice cariñosa. Sus palabras surten efecto no solo con la joven sino con los compañeros de trabajo que la han llevado al hospital, nerviosos al no saber cómo tranquilizar a su amiga. “En Urgencias las personas se sienten más inseguras porque no saben lo que tienen, y sin acompañantes se sienten más frágiles. Se muestran muy agradecidas de que te acerques a tener una conversación, aunque sea trivial. Nos presentamos, les preguntamos si les apetece hablar y les hablamos de nosotros, como si fuese un conocido. Tratamos de quitarle hierro a lo que tienen para que no se obsesionen, que no estén dando vueltas a lo mismo”, explica Enrique. Lleva dos años haciendo compañía a hospitalizados en plantas y reconoce que Urgencias es “emocionalmente más duro”, especialmente cuando personas mayores “te transmiten su soledad y se ponen a llorar”. Amor ayudaba hasta ahora a pacientes en rehabilitación. “Hace cuatro años mi padre tuvo problemas de pulmón y pasamos mucho tiempo en el hospital. A él nunca le faltaba compañía porque somos muchos en casa pero tenía compañeros que estaban solos y pensé que tiene que ser triste”, relata. Coincide con Enrique en que los mayores solos son “a los que más mimamos”. Ancianos solos o que están en una residencia y mientras avisan a sus parientes tardan en llegar. “Se ponen a llorar porque no tienen familia y yo les digo ¿cómo que no? Ya tiene aquí una hija. Pienso como si fuera mi madre o mi padre y me pongo en su lugar”, dice. También hay matrimonios mayores en los que el acompañante necesita desahogarse porque está preocupado y  personas en riesgo de exclusión.  Amor coincide con Enrique en que la clave es “hablar con ellos para evitar que piensen en lo que traen y se les pase la angustia. Ya te empiezan a contar de todo, que si de dónde eres, que tienes que conocer a fulanito, si son un matrimonio uno se queja del otro…” La mayoría agradece la compañía y cuando les atienden se acercan al salir a contarles qué les han dicho. Los voluntarios están siempre de dos en dos y a veces deben parar y salir a despejarse. “Es fundamental tener empatía pero que no te afecte demasiado como para que se te note y se sientan incómodos”, señala Enrique. Amor deja claro que “es duro según el caso que veas pero por duro que sea siempre hay que mantener la sonrisa”. De momento, el programa en Urgencias se desarrolla dos mañanas por semana pero el objetivo es ampliarlo a todos los días y algunas tardes. La Unidad de Tiempo está coordinada con asociaciones de voluntariado como Solidarios para el Desarrollo, ASA, Amama (cáncer de mama), ACDA o DACE (daño cerebral).

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