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Dulce resaca en la Encarnación

La Plaza Mayor se llena y aprueba con nota pese a los «parches» por las prisas

el 28 mar 2011 / 19:33 h.

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Muchos ciudadanos visitaron ayer la nueva Plaza Mayor del Metropol Parasol, en la transformada Encarnación.

Si las resacas agradables existen, eso fue lo que vivió ayer la Encarnación tras la inauguración del Metropol Parasol. Tras la borrachera de discursos, fotos y aglomeraciones –entre 6.000 y 8.000 personas asistieron a los actos del domingo por la tarde, según el alcalde, el socialista Alfredo Sánchez Monteseirín–, ayer fue el día de acercarse a ver cómo quedaron las setas, el día de los programas de radio y televisión en directo bajo los parasoles, el de preguntar a los transeúntes si les gusta o no. Por eso, ayer, la Encarnación empezó a recobrar su vida. Esa que tenía cuando albergaba el gran mercado central a principios del siglo pasado. Guste o no.


Eso sí, no todo estaba en su sitio. Gran parte del personal de Sacyr se tomó el día libre tras el acelerón de la recta final. Por eso las escaleras mecánicas no funcionaban y el acceso por la rampa estuvo cortado gran parte de la mañana.


Las vallas rodeaban baldosas mal puestas, el cristal roto del techo del Antiquarium sigue allí, bajo las escaleras centrales, al igual que el cajón de obra de Imagen y las grúas junto a Regina. Como todos los lunes, la cripta arqueológica estaba cerrada, para pesar de los cientos de curiosos que se acercaron a ver la obra del alemán Jürgen Mayer. Incluso saliendo de tapadillo del trabajo.


“No debería estar aquí, pero quería verlo. Me gusta, pero hay muchos parches por las prisas. Si hubieran hecho mejor las terminaciones me gustaría más. Siempre pasa igual por las elecciones: en la Avenida de la Constitución a los dos días se levantó la mayoría del suelo. Aquí estamos igual”, lamentaba Carmelo, sin apellido para que no le “pillen” en el trabajo.


Pepi Corrales y su marido, Jesús, resaltaron lo mismo: los efectos de la prisa. “Esto está de fábula, pero hay muchas lozas sin poner y la limpieza está pendiente. Espero que para la Semana Santa, que viene mucha gente de fuera, todo esté terminado”. “Al final, pasará como con el Metro o el tranvía, que a todo el mundo le gusta”, apostilló Pepi al lado de María Jesús Pérez, sorprendida porque sin andamios “la plaza quedó muy despejada”. “Creí que quedaría más agobiada, pero se ve muy bien la iglesia de la Anunciación y toda la calle Imagen hacia el Centro, es una maravilla”. Eso sí, María Jesús tenía un duda: “¿Cuándo se podrá subir al mirador y a las pasarelas sobre las setas?”. Como algún responsable de Sacyr también estaba en la nueva Plaza Mayor, la pregunta quedó respondida: “En abril se podrá subir, pero aún no sabemos si antes o después de Semana Santa”.


Eso sí, aunque el acceso a la parte superior de los parasoles será libre, estará muy controlado. Se hará con mucho “orden”, ya que la estructura de pino finlandés no permite que más de 500 personas se paseen por las pasarelas.


Con las banderas de la inauguración aún ondeando y con los micrófonos de la Cadena SER delante, Mari Pepa afirmaba que el Metropol Parasol va a tener “más postales que la Giralda”. Momentos antes, Sánchez Monteseirín pedía que no se tuviera “miedo” al cambio de opinión sobre las setas y resaltaba lo que más le gustó y lo que menos: el cariño de la gente, lo primero, y las críticas de algunos jóvenes a la obra vanguardista, lo segundo. ¿Y su rincón preferido? El mirador. Ése al que los sevillanos aún no han tenido acceso. Esa azotea desde la que se ve una “preciosa y novedosa perspectiva” de la ciudad.

Desde abajo, los comerciantes de la zona coincidían en sus opiniones. Lo han pasado muy mal, pero empiezan a ver la luz. “El año pasado le tuve que poner dinero al negocio para mantenerlo, me costó el dinero. En los últimos cinco años bajó la clientela más del 50%, pero espero que remonte; para eso aguanté. Hubo momentos durante la obra que no teníamos ni acera ni acceso, pasamos muchas penurias. Pero ahora no lo veo mal, las setas no han quedado encajonadas, como me temía”. Ésta es la opinión de Fermín Burgos, propietario de la espartería de la Encarnación y de muchos otros comerciantes de la zona.

Desde el premiado Bar Los Alcázares, José Luis Luna contaba su “lucha por sobrevivir”. “Poco a poco –asegura– estamos remontando el vuelo. Ya hay gente que viene por aquí para ver las setas porque es algo nuevo y bonito. Antes, en cambio, el barrio estaba casi muerto, en decadencia”.

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