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Dulces que saben a gloria

Manos de religiosas y recetas divinas para unos dulces que saben a gloria. Al calor de los viejos fogones y al reposo de la clausura, los conventos de Sevilla amasan las exquisiteces más codiciadas de la Navidad. Tradición artesanal y milenaria que estos días se expone en el Alcázar.

el 14 sep 2009 / 21:06 h.

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XXIII EXPOSICIÓN DE DULCES DE LOS CONVENTOS DE CLAUSURA DE SEVILLA

Fecha: Del 6 al 8 de diciembre.

Lugar: Salón Gótico del Real Alcázar.

Horario: De 10.30 a 19.00 horas.

Manos de religiosas y recetas divinas para unos dulces que saben a gloria. Al calor de los viejos fogones y al reposo de la clausura, los conventos de Sevilla amasan las exquisiteces más codiciadas de la Navidad. Tradición artesanal y milenaria que estos días se expone en el Alcázar. Una de ellas es la del convento de Santa Ana que al llegar a diciembre huele a matalauva, canela y clavo. Aromas dulzones que traspasan los robustos muros para bendición de sus vecinos. ¡Vaya olores tienen las hermanas!", comentan en la calle. En la puerta un cartel avisa del horario de venta a través del torno: "de 9.30 a 1.30 y de 4.30 a 6.45". Así reza. La especialidad de estas carmelitas calzadas son las mantas y las empanadillas. "Eran los dulces que hacían nuestras mayores. Se perdió la tradición y ahora la hemos recuperado con las nuevas vocaciones, en su mayoría, venidas de Latinoamérica", explica Sor María Teresa, madre superiora de esta señera abadía.

Dulces hechos a conciencia y fruto de los avatares históricos como las yemas de Santa Ana, que bien podrían llamarse de San Leandro. Y es que la revolución de 1868 les llevó a refugiarse al convento de San Leandro, donde aprendieron la codiciada receta. No menos preciados son sus triángulos de chocolate, elaborados a partir de la sabiduría culinaria de una monja alemana que se hospedó en la abadía.

Como novedad este año se han metido en "los sin azúcar". Coronas de almendras, cocadas, anises de Santa Ana o roscos glaseados: "a ver que aceptación tienen", destaca Sor María Teresa. Pero no serán las únicas que venderán dulces para diabéticos. También lo harán San Clemente -veterano en estas lindes- y las concepcionistas franciscanas del Socorro, más conocidas por sus mantecados de Viena y bombones de mazapán.

Para esta campaña las 22 religiosas de Santa Ana han trabajado mañana y tarde entre lebrillos, peroles de aceite y "mucha paciencia" hasta alcanzar el punto de la miel. Cuando se les pregunta por el secreto, sonríen: "A la receta le ponemos los cinco sentidos y la mejor materia prima. Nada de conservantes y las almendras, de lo mejor... con lo cara que están", recalcan. Aunque a estas carmelitas les gustaría mantener la actividad del torno todo el año. "Al convento le vendría muy bien encargos para todo el año", apuntan.

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