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Dulces Sueños

Muchos desean poder dormir y descansar después de una larga jornada. Sin embargo, pocos son los que lo consiguen. Aquí les dejamos con sus testimonios y algunos consejos.

el 14 mar 2011 / 20:21 h.

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Mucho sevillanos aprovechan el solecito para tomarse un descanso

La mayoría de los sevillanos luchan contra los ruidos, los ronquidos, los taconeos o el secador de una vecina que se arregla temprano, y hasta con los muelles del colchón que han cedido de tanto usarlo. Todo eso les hace la vida imposible. Algunos se han resignado y otros han encontrado la manera de ganarle la batalla al eterno enemigo que, al no dejar dormir, influye en el desarrollo del día a día.

Pasamos la tercera parte de nuestra vida durmiendo. Sin embargo, como viene reflejado en los últimos estudios estadísticos, los españoles duermen una media de 40 minutos menos por noche que los demás europeos. ¿Cuáles son las causas? ¿Insomnio, estrés o la falta de tranquilidad? “Duermo con mi novia casi todas las noches porque ella es asistenta de vuelo. Siempre me obliga a dormir con los calcetines puestos porque dice que tengo los pies muy fríos”, confiesa Jaime Montalbán, profesor de gimnasia, de 36 años y vecino de Pino Montano.


El joven añade entre carcajadas que él no tiene más remedio que obedecer a lo que dicta su novia si no quiere que le cambien de habitación. Todo lo contrario de Salomé Gutiérrez, estudiante de Derecho de 27 años, con residencia en Los Remedios. “Me gusta dormir con poca ropa. En el último San Valentín mi novio me regaló una noche en un hotel en Cazalla de la Sierra y lo que pasó es que rompimos el somier de la cama. Fue muy bochornoso. No se me olvidará nunca la cara que nos pusieron en la recepción por la mañana”.


Otro de los problemas más comunes en la mayoría de los hogares sevillanos es que por lo menos uno ronca, y bien fuerte. El ejemplo más común es el caso de Teresa García. Es una mujer de 47 años, ama de casa en su barrio de Parque Alcosa y dice: “Yo creo que tengo el cielo ganao. Mi marido ronca tan fuerte que todos los vecinos se han enterado. Vamos, cada noche tenemos un concierto en casa. Yo ya le he cogido el truco; voy antes a dormir para no tener que aguantar sus ronquidos. Es que me pongo de los nervios. Él decía que no ronca hasta que un día los niños lo grabaron y se lo pusieron. Se quedó a cuadros. Ya por lo menos no dice que le tengo manía”. Lo mismo comparte la joven estudiante de Bachillerato Selma Rodríguez, que vive con sus padres en un piso de Sevilla Este. “Mi padre ronca como un oso y para colmo pone alta la radio para dormir. Entre la música y los ronquidos, imagínate. Vas sintiendo cómo te vas agobiando y no puedes dormir. Mi remedio: me he comprado unos tapones en la farmacia y, la verdad, es mucho mejor”.


Según la última reunión anual de la Sociedad Española de Sueño, alrededor del 20% de la población española presenta algún trastorno del sueño de origen diverso, entre los cuales destacan el Síndrome de Piernas Inquietas (SPI), apnea del sueño e insomnio, entre otros. José Burgos, que vive en El Cerro del Águila, tiene 53 años y es administrativo. “No sé cómo me aguanta mi mujer. Soy de piernas inquietas y me muevo un montón antes de dar con la postura cómoda. Cuando lo consigo, empiezo a roncar muy fuerte. Este año, he ido a un médico y lo primero que me dijo es que tengo que hacer dieta porque, por lo visto, el sobrepeso es la causa en muchas ocasiones”.


Luján Jiménez, una joven cocinera de 38 años y que vive en Dos Hermanas, estaba orgullosa de lo bien que dormía cada día y confiesa que en su vida reinaba la tranquilidad y la paz total hasta que llegó la pesadilla, justo cuando se mudaron los nuevos vecinos del piso de enfrente. “Menos mal que no ronca nadie casa. El problema que tenemos es que nos tocó una joya de vecina. Con ella no hace falta poner el despertador. Ella decide empezar a gritarle a la niña de madrugada y no le importan los demás. No es nada agradable”.


Otros achacan el problema de sueño al ruido que nos rodea. Según dice Eva Gordillo, cajera de supermercado de 25 años y que vive en Nervión: “Nunca duermo bien porque estoy siempre estresada. La casa, el trabajo, los niños, el marido... y cuando por fin voy a dormir, los ruidos del que limpia la calle por la noche, las ambulancias, los vecinos que llegan tarde y se les antoja hablar en el pasillo y mucho más cosas que no te dejan descansar. Estoy deseando que lleguen las vacaciones porque allí en la playa mi casa da a una calle sin salida y es donde realmente descanso”.

 Pero Almudena Pérez ha encontrado el remedio al que no renunciará nunca, aunque esto pueda desembocar en un conflicto madre-hija. Tiene 36 años, es secretaria en una clínica dental y vive con su madre en un piso de Nervión. “Yo donde vaya me llevo mi almohada conmigo. Es una manía que tengo y todo el mundo se ríe al verme llegar con la almohada vieja. Pero, lo siento, es la única con la que puedo descansar bien. Mi madre me la quiere tirar a la basura y cambiar por una mejor y más cara pero me he tenido que pelear con ella”. En fin, cada uno se las ingenia para descansar unos minutillos en paz. O intentarlo por lo menos.

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