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Dúo Collado & Calderón

Ciclo de Sinfonías para piano Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza. Fecha: Lunes 12 de abril de 2010. Intérpretes: Alberto González-Calderón y Arnold W. Collado, pianos. Programa: Sinfonía n. 7 en La mayor Op. 92 de Beethoven, arr. Hugo Ulrich; Sinfonía n. 9 Op. 95 "Del Nuevo Mundo" de Dvorák, arr. del propio autor

el 13 abr 2010 / 07:10 h.

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La programación del Maestranza se renueva con un ciclo dedicado a transcripciones para piano de obras sinfónicas. Algo así como el de Música Transcrita que disfrutamos la temporada pasada, pero circunscrita exclusivamente al piano a partir de piezas de carácter sinfónico.

La práctica de interpretar sinfonías al piano era habitual en el siglo XIX; sólo así era posible hacer llegar a amigos, familiares y especialistas las composiciones fuera de las salas de concierto. Algo así como una copia de trabajo, con la particularidad de que surgía con posterioridad y como consecuencia a la partitura original. En definitiva, lo que hoy supone una grabación. La amplia oferta de intérpretes que actualmente surgen de las numerosas escuelas de música obliga a hacer uso del ingenio para evitar la competencia y hacerse un hueco en el mercado. Así lo deben haber entendido Alberto González-Calderón y Arnold W. Collado, ambos curtidos en el Conservatorio Manuel Castillo de la capital hispalense, que se han especializado en la investigación, recuperación e intepretación de obras transcritas al piano para cuatro manos.

La inciativa se antoja curiosa y frívola por encima de su estricto valor musical. Las obras interpretadas en esta ocasión pertenecen a una gramática muy distinta a la del instrumento rey. Desprovistas de sus ricas y profusas orquestaciones, reducidas a su esqueleto y a las líneas melódicas y dinámicas básicas, nos encontramos ante una literatura muy diferente, unas sinfonías desnudas con aspecto de sonatas a cuatro manos. Así, donde en Dvorák hay épica en el primer movimiento de la archiconocida Sinfonía del Nuevo Mundo, en su propia transcripción emerge un mayor dramatismo, más carga de melancolía en un esquemático segundo movimiento, o un ejercicio de mero virtuosismo técnico en el tercero.

Pero donde más brillan los resultados de estas trasmutaciones es en los movimientos finales, que coinciden en ofrecer una literatura más acorde con la sonata, y donde la compenetración de los intérpretes se hace más evidente. Cargando en todo momento Calderón con el rango de notas agudas, y Collado con las graves, sus lecturas son pulcras, apasionadas, vigorosas y sin amaneramientos, al margen de algunas molestas imprecisiones, y de un decepcionante control de las dinámicas, siempre en forte, sin apenas oportunidad para apianar.

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