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El Correo de América

Echando raíces a seis mil kilómetros

Manuel Herrera es cooperante y lleva quince años fuera de Sevilla. Karlina es dominicana y conoció en una reunión de trabajo a su marido.

el 07 feb 2015 / 00:14 h.

Manuel Herrado (izda.), cooperante sevillano en Santo Domingo y Karlina Delgado (dcha.), en la basílica de la Macarena. Manuel Herrado (izda.), cooperante sevillano en Santo Domingo y Karlina Delgado (dcha.), en la basílica de la Macarena. MANUEL HERRERA. Sevillano en Santo Domingo Un trotamundos de la cooperación Sevillano licenciado en Derecho, llegó hace casi nueve años a Santo Domingo después de vivir en varios países. En Sevilla llevaba una vida convencional pero sus inquietudes le llevaron a buscar nuevas metas. Se dedica a la cooperación, es buzo y fotógrafo. Destaca la bondad de los dominicanos y recomienda a todos los turistas que visitan la isla que salgan de los hoteles «de pulserita y todo incluido» porque también hay muchas más cosas que ver en la isla caribeña.   KARLINA DELGADO. Dominicana en Sevilla. Un nuevo proyecto con amor e ilusión Karlina Delgado viajó a España por asuntos laborales y durante una reunión de trabajo en Madrid conoció al sevillano que hoy es su marido. Dejó atrás una vida estable y se lanzó a la aventura. Sus inicios fueron difíciles en la ciudad pero con la ayuda de su nueva familia logró una adaptación que a día de hoy es plena. Le encanta la ciudad, su casco histórico, la provincia, pasear por el centro y montar en bicicleta. No descarta tampoco regresar definitivamenta a Santo Domingo. Este año quiere ir de visita y de forma definitiva no se marca ningún objetivo: «No lo sé. Cuando Dios quiera, será».   SUS HISTORIAS Los años pasan pero las raíces siempre están ahí. Nuestros dos protagonistas, Manuel Herrera y Karlina Delgado, llevan ya muchos años fuera de su tierra y quieren volver algún día. Pero no se ponen plazos ni fechas, simplemente tienen ese deseo aunque con los pies en la tierra saben que ahora mismo su vida y sus casas están donde están. La del sevillano Manuel Herrera están en Santo Domingo mientras que la dominicana Karlina Delgado la tiene en Sevilla. Manuel lleva casi nueve años en la República Dominicana y quince fuera de Sevilla. Tras terminar sus estudios de Derecho en la Hispalense llevaba «una vida de lo más corriente» pero él tenía otras inquietudes. Quería dedicarse profesionalmente a la cooperación internacional. Y eso hizo. Lo que fue una primera experiencia se convirtió en su modo de vida. Tras vivir en países como Marruecos, la exYugoslavia u Honduras, terminó finalmente en la isla caribeña que comparten la República Dominicana y Haití. Manuel, cooperante, buzo y fotógrafo, trabaja ahora para la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo como responsable de los programas de Panamá, Costa Rica y República Dominicana. Dado que su mujer llevaba ya un año allí, su adaptación resultó muy sencilla. El país le gusta pero lamenta que desde fuera se tenga una imagen de él que no corresponde con la realidad. «Santo Domingo es mucho más que un hotel de pulsera de las de todo incluido», explica el sevillano. Por ello recomienda a todos los turistas que salgan del espacio hotelero y conozcan otras zonas y otras ciudades, incluso los espacios más humildes. Sí reconoce que los dominicanos son «muy buena gente y muy abiertos» aunque en muchas ocasiones «demasiado caóticos». «El dominicano es muy hospitalario y para mí a día de hoy y después de tanto tiempo, esta es mi casa», asegura Manolo. Sin embargo, no tiene reparo alguno al decir dos aspectos de este pueblo que logran ponerle muy nervioso: «Los enormes atascos de tráfico y la impuntualidad». También lamenta que la cocina no sea el fuerte de los dominicanos aunque destaca el sancocho, algo parecido a un guiso español, y el mondongo, que son como los callos. Por ello, la comida sevillana es una de las cosas que más echa de menos ahora que está a casi siete mil kilómetros de distancia. «Como todo el mundo echo en falta a veces la familia, los amigos, el ambiente de Sevilla, el tapeo y la cerveza improvisada en la plaza del Salvador. Yla morriña me entra los años que no puedo ir a la Feria».   PARALELISMOS La historia de Karlina, dominicana en Sevilla, también guarda ciertas similitudes con la de Manolo, porque ella llevaba una vida tranquila en su país hasta que un viaje de trabajo en 2002 a España le cambió la vida. «Era una convención de ventas de la empresa en la que trabajaba. Ahí conocí al que ahora es mi esposo. Años más tarde nos casamos y por eso vine a España», explica Karlina. De ahí que su adaptación fuera fácil:«Vine muy ilusionada y enamorada». Aún así dejaba atrás muchas cosas que lógicamente echó de menos. «Tuve una familia que me acogió aquí pero dejé allí mi vida laboral, una familia, un proyecto de vida y muy buenos amigos», recuerda la dominicana. Antes de aterrizar en la capital andaluza ya sabía que el sevillano era una persona muy alegre, aunque pensaba que sería más fácil encontrar en España un puesto de trabajo. Durante un tiempo trabajó como administra en María Visión TV? e incluso presentaba un programa. Tristemente, ahora mismo está desempleada pero su optimismo le hace ver el futuro con esperanza. «Ningún día es igual. Entre mis hijos, la familia y la gente que conozco siempre surge algo bueno. No me aburro», celebra Karlina. En sus ratos libre le gusta disfrutar de la familia, pasear en bicicleta o conocer nuevos lugares. De hecho, cuando tienen algo de tiempo libre intentar ir en familia a conocer algún sitio. Aquí siente que tiene su casa y también disfrutas con las fiestas de primavera de la ciudad. La Semana Santa le parece un acontecimiento «impresionante», le encanta el olor a azahar de la primera y le encantan las torrijas. Sí reconoce que no le gustan los días tan largos durante el verano, le gustaría que la puesta de sol llegar algo antes. Y no ve demasiados parecidos con su tierra ya que «cada una es única e irrepetible». Por último, Karlina quiere mandar un consejo a quienes emprendan una aventura como la suya a tantos kilómetros de su casa:«Que lo hagan con ilusión y optimismo. Merece la pena probar», finalizó.

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