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"Ecologistas y vecinos deben superar ya el trauma de la balsa"

Joaquín Merino, presidente de Emerita Resources, considera que hay que dejar atrás el miedo y que la explotación de Aznalcóllar es «facilísima» desde el punto de vista medioambiental.

el 03 may 2014 / 23:00 h.

Nacido en Alcalá de Guadaíra y licenciado en Geología en la Universidad de Huelva, Joaquín Merino-Márquez es todo un Willy Fog de la minería. «Como en España apenas había minas, pues yo fui a buscarlas». Su periplo arrancaría allá por 1995 en Chile, y a partir de ahí su aventura habla de la mina de oro de Maricunga, de su posgrado en Geología Económica en Ontario, de prospecciones de metales preciosos en Tierra de Fuego, de los yacimientos de Pachapaqui, Orcopampa o El Dorado, de Nueva Guinea, de Bolivia, de Canadá... Cargos en grandes compañías del negocio, siendo su especialidad la exploración, aunque ha hecho de todo, desde rastrear hasta «construir minas», pasando por la gestión o la búsqueda de financiación. Igual lo vemos en fotos con indígenas australianos que en Wall Street con la salida a bolsa de una compañía minera. Hasta que hace un año y medio se le encomendara el desembarco de Forbes & Manhattan en España con la creación de la sociedad Emerita Resources. «Le cuento todo esto para que se sepa que, aunque desconocidos aquí, somos grandes en el mundo, que sabemos hacer las cosas bien. Forbes & Manhattan crea una compañía para una zona, ésta busca los proyectos y, si son un acierto, los financia hasta su desarrollo y después lo mantiene». Aznalcóllar es un proyecto avanzado, de ahí que este banco de inversión apostaría sin duda por él, explica el directivo. «Por tanto, reunimos solvencia técnica y solvencia financiera», reitera. Joaquín Merino posa delante de la documentación inicial aportada. / PEPO HERRERA Joaquín Merino posa delante de la documentación inicial aportada. / PEPO HERRERA Tal circunstancia y la trayectoria minera del grupo –presente en yacimientos de todo el mundo, si bien con especial refuerzo en Iberoamérica y Norteamérica, aunque su mapa muestra chinchetas clavadas a lo largo y ancho del globo terráqueo– son, dice, una magnífica carta de presentación no sólo de cara a la administración encargada de adjudicar los derechos de explotación minera de Aznalcóllar, sino también «ante los ecologistas y los vecinos del pueblo». Para el geólogo, la rotura de la balsa que provocó hace justo ahora 16 años el desastre medioambiental «es un trauma» que deben superar tanto las organizaciones ecologistas como los vecinos de la localidad sevillana. «Se trata de un miedo que debe desaparecer. Puedo asegurarle, y me baso en mi experiencia y en la documentación aportada a la Junta de Andalucía, que es facilísimo explotar Aznalcóllar desde el punto de vista medioambiental y técnicamente es factible». Ese proyecto viene acompañado, además, de una serie de compensaciones medioambientales adicionales por parte de Emerita. Entre ellas, convertir la escombrera norte del yacimiento «en un parque periurbano, un parque forestal o un espacio útil para otros usos». En cuando a la balsa siniestrada, plantea mejorar la impermeabilización y un estudio para eliminar la generación de aguas contaminadas, entre otras ideas. Sobre el entorno, habla de regenerar la zona con vegetación, un plan de restauración «integral» e incluso de generación de energías renovables. ¿Cuándo comenzaría a operar la mina? Joaquín Merino considera que, a partir de la adjudicación, comenzarían inmediatamente los trabajos de verificación de los datos sobre reservas que ha aportado la Consejería de Economía y la planificación de cómo se extraerían los metales, la financiación se lograría de manera «rápida» y, por último, en año y medio se estaría a pleno rendimiento. Las estimaciones hablan de década y media de actividad, esto es, de vida útil del yacimiento. A mediados del mes pasado, Economía dio a conocer los nombres de las tres compañías que se habían presentado al concurso internacional –Emerita Resources, Grupo México en alianza con la cordobesa Magtel y la suiza Nyrstar–. Quedan ahora dos meses para que las empresas presenten la documentación requerida y un anteproyecto. El objetivo, elegir a las mejores tanto desde el punto de vista financiero como desde las soluciones técnicas que propongan. Se analizará especialmente «la solvencia técnica y económica de las aspirantes para garantizar su capacidad para abordar el proyecto en su totalidad y con todas las garantías socioeconómicas y ecológicas», según dictamina la Consejería que dirige José Sánchez Maldonado. En un segundo paso, las empresas que hayan superado la etapa anterior presentarán, en un periodo máximo de cinco meses (en diciembre como máximo), su proyecto completo de explotación con los detalles técnicos, de seguridad y ambientales. Y, por último, la Junta contará con tres meses para analizar la documentación presentada y elegir a la sociedad adjudicataria (a primeros de 2015). Precisamente por ese trauma del que habla Joaquín Merino, el proceso será minucioso, al necesitar compaginar las exigencias ambientales y las necesidades económicas y sociales de la comarca. «Tenemos un proyecto muy bueno», sentencia.

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