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Ecos de sociedad

He recibido una invitación del prócer del agua milagrosa de La Minilla, Manuel Marchena, para asistir a un concierto de piano. El asunto no tiene mayor importancia, fuera parte de resaltar la gran labor cultural de Emasesa, si no fuera porque ayer mismo, otro prócer...

el 16 sep 2009 / 03:20 h.

He recibido una invitación del prócer del agua milagrosa de La Minilla, Manuel Marchena, para asistir a un concierto de piano. El asunto no tiene mayor importancia, fuera parte de resaltar la gran labor cultural de Emasesa, si no fuera porque ayer mismo, otro prócer, pero de los pinceles y de El Arenal, Paco Cantos, relataba un sucedido en el camino rociero: a un devoto romero se le ocurrió hacer el camino con un piano en la carriola, sin más impedimenta ni costo. Que el piano no es un instrumento para andar ya lo sabemos, ahí está la gaita y el tambor, más adecuados para animar el paso; ni tampoco para esforzados: el bandoneón o la bandurria, por ejemplo, dan fe de la incompatibilidad del trabajo pesado con ciertas artes. No hubiera sido posible el éxito del tango, si los argentinos hubieran tenido que deambular por esos mundos de Dios con un piano a cuestas.

En fin, que surgió la polémica. ¿Quién cargó y luego descargó el piano de la carriola? Nuestro informante no dio ni una sola pista, un silencio cercano a la omertá envolvió la pesquisa. ¿Es una cuestión de prestigio social o es algo de lo que deba uno avergonzarse? Mi compadre dio en la tecla para despejar la incógnita, interpelando directamente al mentado Cantos. ¿Eres tú, cornaca de piano? Enseguía, respondió, pero sin señalar a nadie. Este Cantos, otras veces a colación en esta columna, es aquel que fue visto de mantilla, con su señora, por el Barrio Latino tras el Pregón de París y el mismo que, a pesar de apuntarse ante el llamado urgente de Ventura para cubrir las necesidades de personal de Astilleros, nunca compareció en la factoría sevillana. Sabemos que el oficio de lacayo es reconocido en las romerías, como asistente para la monta y desmonte de caballistas, charretistas y acompañantes, sobre todo, de gente venida a mejor, pero me temo que el de cornaca de piano u otros objetos pesados, va a ser difícil, en un acontecimiento en el que la emulación de los que nunca han cargado un piano, domina. Respetando el anonimato, vendría bien que los testigos aportasen datos.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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