Cultura

Eduardo Mendoza: "El catalán puede trabajar el humor, al andaluz se le supone"

el 12 ene 2010 / 20:45 h.

“Los escritores no tenemos días de fiesta, ni horarios ni jefes, pero a veces vivimos aislados de las personas de nuestro medio”. Son palabras de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), el escritor encargado de inaugurar ayer en la Biblioteca Infanta Elena de Sevilla el ciclo Letras Capitales, un programa de encuentros con lectores organizado por el Centro Andaluz de las Letras.

El autor de La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios ha vuelto con un nuevo libro, Tres vidas de santos (Seix Barral), en el que ejercita con fortuna sus cualidades dentro de un género poco habitual para él, el relato corto. Las tres piezas que integran este volumen pertenecen, según él mismo aclara, “a tres épocas y tres estilos distintos”, y la santidad a la que alude el título no es la misma que la que piensa Ratzinger cuando emplea el mismo término.

 “He sido muy aficionado a leer vidas de santos, las he estudiado, y para ello es imprescindible ser un descreído”, comenta el escritor. “Pero yo pensaba más bien en esos santos laicos a los que seguimos encomendándonos, ya sean entrenadores de fútbol o famosos de fútbol. El santo lo subordina todo a su ideal, eso lo tienen en común el canónico y el laico. Por ejemplo, esos famosetes que es imposible saber quiénes son si no sigues tal o cual programa, lo han entregado todo a esa causa, han sacrificado su vida privada, y sobre todo su vida intelectual, por ese pedazo de gloria. Son mártires a cambio de un poco de fama”, asevera.

Mendoza explica que a lo largo de su dilatada carrera ha publicado “cuentos sueltos, pero algunos eran malos y no era eso lo que pretendía hacer. El cuento es un género que hay que conocer y trabajar, para el que hay que tener una predisposición especial que yo no suelo tener, como no la tengo para la poesía”, dice. “Estos tres los tenía escritos, y no podía permitirme el lujo de dejarlos en un cajón. Creo que hay que publicar lo que se escribe, es parte del proceso”.

En Tres vidas de santos vuelve a hacer uso Mendoza de uno de sus mejores recursos, el humor, aunque sea más sutil que el de otras obras suyas. “Trato de cultivar el humor sin renunciar al tratamiento literario, y a una presunción de cultura e inteligencia en el destinatario, y huyo de ese humor que se deja en los instintos más primarios y roza lo chabacano”, asegura. “Es curioso que las academias sólo vean intenciones filosóficas y rupturistas en el humor, como si sólo pudiera ser una forma de deconstrucción. En España ha perjudicado mucho el humor ligado a lo local,  secuestrado por los estereotipos, los clichés regionales, y parece difícil sacarlo de ahí. Los catalanes no solemos ser graciosos y podemos trabajarlo, mientras que los andaluces lo tenéis fatal, porque se os presupone. Debe de ser dificilísimo hacer humor aquí”, apostilla.

  • 1