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Educación baraja destinar maestros voluntarios a colegios conflictivos

La Consejería de Educación estudiará una propuesta del profesorado que busca estabilizar las plantillas de centros ubicados en zonas marginadas con docentes comprometidos.

el 15 nov 2009 / 21:31 h.

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Una profesora ayuda a un alumno de El Vacie, en un colegio de Sevilla.

La Consejería de Educación está estudiando incluir en el nuevo Reglamento Orgánico de Centros de Primaria y ESO la propuesta que el profesorado andaluz le hizo llegar hace dos días por escrito, y que podría dar un vuelco a la enseñanza en los colegios de zonas desfavorecidas, como las Tres Mil o El Vacie, en Sevilla, el barrio de Almanjaya, en Granada o la zona de Portada Alta, en Málaga.

La propuesta se incluye en un documento de trabajo que la consejería hará público esta semana, y reclama "que el perfil profesional del profesor en los centros más complejos pueda tener un carácter voluntario", lo que en la práctica significa que Educación retiraría del concurso de traslado ordinario las plazas de profesor que surgieran en estos colegios. De forma excepcional, la consejería ya hizo algo parecido en el Polígono Sur cuando se puso en marcha el Plan Integral del comisionado: exigió a los profesores interinos un compromiso explícito de dos años de permanencia, para evitar que a los pocos meses pidieran un traslado, desestabilizando así el proceso de aprendizaje de alumnos con necesidades educativas especiales.

"La idea es que las plazas que salgan a concurso caigan en manos de maestros que acepten comprometerse e implicarse personalmente con un proyecto educativo difícil. Así se garantiza la estabilidad de las plantillas en colegios que requieren un compromiso a largo plazo. El déficit educativo de estos niños exige del profesor mucho tiempo y esfuerzo, mucho trabajo en equipo y vocación", explica el profesor Antonio Marfil, encargado de presentarle la propuesta directamente a la consejera Mar Moreno, el pasado sábado.

Dificultad. En los barrios como las Tres Mil Viviendas o Los Pajaritos viven familias con un alto índice de exclusión social -muchas de ellas gitanas o inmigrantes-. Son zonas periféricas de la ciudad que sufren un índice de absentismo, fracaso y abandono escolar muy superior a la media andaluza, donde los rendimientos académicos de los alumnos son pobres y su educación está condicionada por el bajo estrato socioeconómico de sus padres. En algunos casos, además, las mismas zonas soportan el estigma de la inseguridad ciudadana, el analfabetismo y la marginación, y eso hace que el profesorado sea reacio a aceptar un destino definitivo en los colegios de estos barrios, y que los interinos se sucedan cada año de forma intermitente.

Todas estas razones dificultan el poder garantizar la estabilidad de la plantilla docente, y en consecuencia, de un proyecto educativo a largo plazo. O bien por concurso de traslados o por el exceso de bajas por depresión que se producen en estas escuelas, la labor docente es efímera o discontinua, lo cual lastra aún más el proceso de aprendizaje de los niños y la integración social de sus familias. Ya que lo ideal sería que la relación profesor-alumnos no se interrumpiera en todo el ciclo, sobre todo en Infantil y Primaria.

Educación ve "con buenos ojos" esta propuesta. El debate sobre la reforma de los reglamentos, en el que han participado más de mil profesores y todos los altos cargos de la consejería, ha dado propuestas que exigen aumentar el presupuesto educativo, y que en plena crisis es complicado que evolucionen. La complejidad de ésta, sin embargo, no es tanto el dinero como la gestión: encontrar la fórmula para que en ciertos colegios la asignación de un profesor dependa de su compromiso voluntario con el centro, sin que ello enturbie el actual proceso de colocación de interinos, que se basa en el mérito y la puntuación. Los artífices de la propuesta ofrecieron varias posibilidades: crear comisiones de servicios para ocupar una plaza en un colegio problemático, por un concurso de traslado paralelo...

Educación solía catalogar estos centros como Colegios de Atención Educativa Preferente (CAEP) y para reflotarlos les proporcionaba un plan de educación compensatoria, que servía para contar con más profesores de lo normal en la plantilla, de forma que podía haber hasta dos maestros por aula para las asignaturas más importantes.

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