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Por Derecho

Educación: ¿dónde empieza todo?

Maestros y padres. La escuela se ha transformado más despacio que la sociedad. La forma de enseñar aún se parece mucho a la de hace un siglo. La mayor certeza ahora es que el profesor ya no puede educar en solitario: necesita contar con el alumno, con su familia, con su ciudad y con su entorno.

el 30 may 2014 / 22:00 h.

Pasan las doce de la noche en un pequeño bar próximo al arco de la Macarena. La televisión retransmite la final de la UEFA Sevilla-Benfica, pero sólo hay cuatro personas en el local: el camarero, un anciano pegado a la barra, una señora de unos 45 años que sujeta un vaso de ron y una niña, sentada en una esquina, con una mochila de escuela en los hombros. La niña, de unos nueve años, le pregunta a la madre: «¿Cuándo nos vamos? Que mañana tengo colegio» Debe ser la enésima vez que se lo dice, porque la señora, sin apartar la mirada del televisor, estalla y empieza a gritar: «¡Que me dejes en paz! ¡Para una vez que salgo, coño! ¿Tú no eres sevillista? Pues mira el partido». Nadie parece inmutarse en el bar, todos siguen pendientes del televisor. Al rato, la niña vuelve a insistir: «Mamá, es que no he cenado». La señora, aburrida: «Ni yo tampoco. Come altramuces». La joven sigue sentada, con los pies colgándole de la silla, mientras escribe o dibuja algo en un cuaderno. De repente, en la televisión aparece la hinchada del Sevilla y entre el público se ve a una chica animando a su equipo, casi de la misma edad que la niña del bar. La madre enseguida repara en la escena y empieza a gesticular con los brazos: «¡Mira, mira! Una nena de tu edad viendo el partido en el estadio. Y no se queja tanto por la hora. ¡Aprende!». La niña, con aire cansado, le responde a su madre: «Seguro que esa niña no se tiene que levantar mañana a las ocho como yo para ir al colegio». educacion-por-derecho-porta¿Qué es la educación y dónde empieza? La escena sobre estas líneas es real, la presenció quien aquí escribe. ¿Dónde empieza la educación para esta niña? ¿A las nueve de la mañana del día siguiente, cuando llegue al colegio? ¿Acaso su madre no le está transmitiendo unos valores en ese momento, en ese bar, pasada la medianoche? ¿Y por dónde empieza la educación que va a recibir esa niña al día siguiente en su escuela? ¿Dónde cogen el testigo los maestros? ¿En un bar? ¿En una chica somnolienta que se queda dormida en el aula? Y si no ha hecho los ejercicios en casa, ¿la suspendemos? ¿Podemos llegar a la conclusión de que es peor estudiante que el resto? ¿La hacemos repetir curso? ¿Y si no se le dan bien las Matemáticas, pero tiene una habilidad especial para el Dibujo? ¿También la suspendemos? ¿La metemos en un grupo aparte con el resto de alumnos que sacan peores resultados? ¿Le facilitará eso las cosas a ella o se las facilitará al maestro? ¿Y la madre? ¿Por qué no llamamos a su madre a una tutoría? Los profesores tienen el derecho y el deber de hablar con ella, contarle lo que les preocupa de su hija: que no rinde en clase, que no trae los deberes, que le pone mucho empeño pero a veces se distrae o se queda dormida… ¿Y si el maestro es un buen maestro y la madre una mala influencia para su hija? ¿Debe el profesor poner más empeño en la formación de esa niña que sus propios padres? ¿Tiene derecho a desentenderse y centrarse en otros alumnos y familias que sí demuestran interés? ¿Y si la madre de esa niña vivió una situación parecida siendo niña? ¿Puede la escuela romper ese círculo vicioso? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad social de un docente? ¿Cuánto tiempo debe esforzarse con la madre y cuánto con la hija? ¿Puede corregir el sistema escolar este déficit educativo que llega de casa? O al contrario. ¿Y si los padres cultivan la educación de su hijo, pero al profesor le falta motivación para enseñar? ¿Y si es de los que repiten mecánicamente las lecciones hasta que sus alumnos se mueren de aburrimiento? ¿Y si el profesor es profesor porque no consiguió nota para estudiar Arquitectura? ¿Y si no tiene libros en casa y no le gusta leer? ¿Y si lleva 25 años dictando el mismo libro de texto? Algunos estudios científicos, que son mencionados en este dossier, hablan de la curva del mal desempeño: de cómo un alumno de Primaria puede perder el 53% de su educación personal, la que trae de casa, si durante los tres primeros años de su vida académica le toca un mal maestro. En lugar de mejorar, empeora. ¿Qué pasa entonces si los padres tienen la casa llena de estanterías con libros, y leen delante de sus hijos y les leen a sus hijos, y cuando estos llegan de clase le preguntan qué han aprendido y escuchan todo lo que el crío tiene que contarles de su escuela? ¿Qué pasa si una familia hace todo lo posible por que su hijo entienda lo importante que es la educación para ellos, para él y para la sociedad que le rodea? Si al buscar colegio tienen en cuenta qué tipo de maestros va a educar al niño, los valores que le van a transmitir, si trabajan una forma de enseñar que trascienda el dictado mecánico, el aprendizaje memorístico, y en su lugar practican un método que quizá sea más difícil (e interesante) para el profesor, pero también es más ameno (e interesante) para el niño. ¿Dónde empieza la educación? Para algunos en casa. Para otros en el colegio. El entorno socioeconómico y cultural que rodea a un niño, dicen los expertos, condiciona su aprendizaje. No es lo mismo estudiar en una casa con libros que sin ellos, no es lo mismo tener amigos que leen y escriben que no tenerlos, no es lo mismo unos padres con estudios que sin ellos, ni una familia con recursos para pagar cualquier educación a su hijo que otra que necesita de becas. No es igual estudiar en el País Vasco, donde hay doce alumnos por aula, que en Andalucía, donde hay entre 25 y 30. No se enseña igual en una clase con niños inmigrantes y discapacitados que sin ellos. No es lo mismo un sistema educativo que separa a los buenos estudiantes de los malos, a los primeros los educa para la universidad y a los segundos para aprender un oficio. No es igual un colegio que cobra tasas de 400 euros a los padres de sus alumnos para hacer un gimnasio, que una escuela donde los maestros ponen de su dinero para dar de desayunar a los niños. Algunos tienen la suerte de que sus padres y sus maestros van de la mano, y probablemente a esos la sociedad les depara grandes oportunidades. Otros tienen la inmensa suerte de divertirse aprendiendo y hay quien tiene el enorme placer de divertirse enseñando. Como la naturaleza es sabia, tarde o temprano estos dos grupos se buscan y acaban encontrándose, conviven y se retroalimentan. Pero el sistema escolar no trabaja exclusivamente para ellos, las escuelas públicas no están sólo para los niños a los que les gusta aprender. El sistema trabaja, sobre todo, para quienes no quieren estudiar, para quienes no pueden estudiar, para los que más dificultades encuentran en el camino, sean económicas, físicas o psicológicas. En Andalucía estudian 1.879.170 alumnos en 6.675 centros escolares, donde imparten clases 117.280 profesores (más que la población de Austria o Dinamarca). Captar una foto fija del sistema escolar andaluz es como retener en un segundo a todo un país en movimiento cuando la cámara hace clic. Esa foto fija es necesaria para mirar el sistema por dentro y ver dónde están los errores, entonces es cuando vemos que Andalucía sufre una tasa de paro juvenil del 50%, una tasa de fracaso escolar del 28,4% (estudiantes que no obtienen el graduado escolar), una tasa de abandono temprano del 37% (jóvenes de entre 18 y 24 años que culmina la ESO pero no continúa sus estudios) y es la segunda comunidad con más adultos sin haber completado los estudios postobligatorios (45,3%). Todos estos datos que alarman a la sociedad y a las instituciones, cada vez que aparece el conocido informe PISA, son ciertos. También es cierto que la educación, al contrario que la sanidad, se ve más sucia a vista de pájaro que desde cerca. Es habitual oír a la gente hablar mal de la educación, mientras hablan bien del colegio de su hija. Hace 30 años, el sistema escolar no tenía colegios construidos para todos los niños en Andalucía, las zonas rurales eran prácticamente analfabetas. El analfabetismo, a principios de los ochenta, superaba el 15% de la población, y hoy es casi residual. El próximo curso se implantará en las aulas la séptima ley de educación de la democracia (Lomce), aprobada en solitario por el partido que gobierna (PP), con la promesa del resto de fuerzas de derogarla en cuanto lleguen al poder. Es difícil definir dónde y cuándo empieza la educación de una persona. Pero cuando se le consulta a los buenos maestros ¿cuándo termina uno de formarse?. Invariablemente todos responden lo mismo: nunca.

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