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Educación para la ciudadanía: ¿una asignatura pendiente?

Objetar a la educación para la ciudadanía es objetar a la democracia. La democracia, a veces se olvida, no consiste sólo en votar. Las elecciones son sin duda su momento estelar, pero un momento cuyo sentido democrático depende de que tras él, y sustentándole, exista todo un entramado deliberativo.

el 15 sep 2009 / 01:46 h.

Objetar a la educación para la ciudadanía es objetar a la democracia. La democracia, a veces se olvida, no consiste sólo en votar. Las elecciones son sin duda su momento estelar, pero un momento cuyo sentido democrático depende de que tras él, y sustentándole, exista todo un entramado deliberativo, de que la voluntad electoral de ciudadanas y ciudadanos sea expresión de voluntades que se han ido fraguando en debates e intercambios de opiniones que informal e incesantemente impregnan la vida social y que, más allá de las elecciones, constituyen un canal permanente de comunicación entre la sociedad y su representación política. Estos procesos deliberativos alimentan cualidades democráticas sobre las que ellos mismos se sustentan: respeto mutuo y capacidad de desarrollo de criterios propios, sentido crítico y voluntad de entendimiento. Es en ellos donde aprendemos a convivir y a respetarnos como copartícipes en el proceso de formación de la voluntad colectiva. Es en ellos, en definitiva, donde nos formamos para la vida democrática.

Este país ha interiorizado con rapidez las reglas de la democracia formal. No creo que se haya interiorizado siempre su contenido. Donde la democracia no es una tradición, arraigarla requiere una importante labor de educación, requiere que se forme a la sociedad en un espíritu tan reflexivo y crítico como tolerante, que en ella se fomente tanto la autoestima como el respeto, el rechazo de los golpes de voluntarismo tanto como la tentación de hacerlos valer, requiere, en fin, el cultivo de un espíritu deliberativo, con todo lo que éste conlleva. Es hora de tomarse en serio nuestra identidad como miembros de una sociedad democrática y la importancia de educarse en sus valores. De ello depende que nuestra democracia tenga vida saludable.

Profesora de Derecho Constitucional y miembro del Consejo Editorial de El Correo

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