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"El 30% de las familias que rechaza donar se arrepiente"

el 11 jun 2012 / 20:28 h.

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Teresa Aldabó.

Catalana de nacimiento y formada universitariamente en Zaragoza, es una de esas personas que por azares del destino pasó por la Expo 92 y aquí se quedó. Desde enero de 2010 es la coordinadora de trasplantes de Sevilla y Huelva. ¿Su reto? Que todo el que quiera ser donante lo pueda ser.

-Los datos de donaciones resultan positivos pero siempre hace falta más. ¿Qué es ese más?

-Llevamos haciendo más mucho tiempo, pero los resultados se ven a largo plazo. En Andalucía la coordinación se había volcado en la promoción y menos dentro de los hospitales. Depende de cómo tratemos a todas las personas tendremos más o menos donantes.-¿En lo que va de año las donaciones superan a las del pasado año?-Ahora mismo estamos igual en cuanto al número de donaciones pero lo importante es que no se nos escape todo aquel que quiera ser donante.

-Y la sociedad ¿cómo ha evolucionado en este campo?

-Los cambios sociales requieren un tiempo pero ahora sí estamos integrados en el día a día de los hospitales y de la vida social. Ya no se ve como algo extraño. La sociedad sevillana siempre andaba un poquito por debajo de Andalucía y ahora está respondiendo muy bien.

-¿El carácter del sur invita a la donación?

-Si mira el mapa de España, Andalucía no es la que más síes tiene pero los datos son engañosos porque se ofrecen por millón de población. Andalucía está muy poblada y muy dispersa en zonas rurales. Por este motivo no es comparable a una comunidad pequeña con un hospital al que todos los ciudadanos acuden.

-¿Se llega a entender la negativa de una familia?

-No tenemos más remedio. El coordinador de trasplantes está muy acostumbrado a tratar con familias que lo están pasando muy mal. Sabemos perfecamente cuáles son sus tiempos, cuándo hemos de preguntar y también cuándo tenemos que parar.

-¿Le han confesado algún arrepentimiento después de decir que no a una donación?

-Los estudios dicen que el 30% de los que han dicho que no se han arrepentido más tarde.

-Ya se permiten las donaciones entre vivos y en asistolia. ¿Hasta dónde podrá llegar la ciencia en este campo?

-La ciencia ha ido muy rápido durante los últimos treinta años y estoy segura de que durante las próximas dos décadas veremos muchos cambios. Mejorará mucho cómo se tratarán y conservarán los órganos una vez extraídos. Un corazón hoy día sólo aguanta seis horas hasta que es implantado.

-¿Y su objetivo cuándo tomó posesión del cargo cuál fue?

-Tener un equipo. Todos los coordinadores somos iguales y aunque el Virgen del Rocío sea el centro implantador estamos obligados a ayudar a los centros pequeños. Son menores en cuanto a camas pero muy grandes en número de órganos. Al final de año, la mitad de las donaciones vienen de los hospitales más pequeños como Osuna, San Juan de Dios, Juan Ramón Jiménez, Sagrado Corazón, Santa Isabel, etc.

-Usted se involucra mucho en la parte humana. ¿Se puede ser coordinador sin tener esa sensibilidad?

-En la universidad me enseñaron muchas cosas, pero nadie nos explica que tenemos una profesión que trata con personas. En mi equipo tenemos muy claro que lo fundamental son las personas y el trato con la familia de la persona que ha fallecido.

-Debe ser muy gratificante.

-Cada vez oculto menos mis emociones. Mis mejores momentos durante mis 21 años de profesional me lo han dado las familias de los donantes. Te dan las gracias y ese momento no está pagado con nada del mundo.

-¿Tiene miedo de que los recortes afecten a su equipo?

-No tengo miedo a nada, pero la situación no es buena. El 80% de mis coordinadores somos interinos o eventuales así que imagine la situación. Sabemos que habrá descenso en los sueldos y dudas en los contratos. Una de mis metas es eliminar todo lo que no sea fundamental y ahorrar al máximo, pero ese es nuestro pequeño granito.

-Pero lo recortes vendrán desde arriba...

-Ningún político ha dicho que se vaya a dejar de tratar a los pacientes y la donación implica el tratamiento de una persona. Cobraremos menos, pero un médico no piensa en su nómina cuando está trabajando.

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