Economía

El aceite de oliva vale ahora la mitad que hace cinco años

Ni 2 euros por kilo en el mercado de origen, frente a los más de 4 a principios de 2006

el 03 abr 2011 / 20:17 h.

Campos de olivares de Jaén, la principal provincia productora de aceite de oliva.

Principios de 2006. El oro verde, el aceite de oliva, era más oro que nunca. Su precio en los mercados de origen (agrarios, a salida de almazara) se había disparado y colocado por encima de los 4 euros por litro en todas sus categorías, y en la retina quedan los robos del producto en las cooperativas, algunos de ellos espectaculares, con camiones cisterna que entraban vacíos y salían llenos de los pueblos sin ser vistos. Abril de 2011. La cotización tan sólo rebasa los 2 euros para el virgen extra -el de mayor calidad-, mientras que el resto -virgen y lampante- no alcanza siquiera los 1,82. He aquí los números que avalan las quejas de los olivareros y su solicitud de que se abra el mecanismo del almacenamiento privado (retirar cosecha a cambio de ayudas de la Unión Europea para así propiciar una revalorización).

El sistema Poolred de la Fundación del Olivar , que recoge operaciones en tiempo real de la mayoría de las almazaras españolas, localizaba el récord del aceite de oliva en enero de 2006, debido a una escasa campaña de recolección. Eran 4,24 euros por kilo (la comercialización en origen se realiza en esa medida) para el virgen extra (es zumo de la aceituna extraído con procesos mecánicos sin química), de 4,14 euros para el virgen (le separa del anterior tipo un mayor grado de acidez) y de 4,04 euros para el lampante (aquél que necesita pasar por refinería antes de ser consumido).

La barrera de los 4 euros se repetiría un mes más, y a partir de ahí comenzaría una depreciación en picado. Ese mismo año caería por debajo de 2,5 euros -en concreto, en diciembre-. Saltaron las alarmas, y ello en un ejercicio, el de 2006, que todavía gozaba del boom económico. Eso sí, la rebaja de precios aupaba las ventas y el aceite de oliva rebasaba a su eterno rival, el de girasol, en comercialización en España.

Habría que aguardar al mes de octubre de 2007 para que este oro verde andaluz se ubicara otra vez por encima de los 2,5 euros, pero duraría poco tiempo, oscilando el precio entre ese nivel y los 2 euros hasta que la media mensual bajaba de este mínimo en enero de 2009. La situación era tal que la Junta de Andalucía solicitó a la Comisión Europea que activara el almacenamiento privado -está previsto en la legislación comunitaria de ese producto-. Bruselas dijo sí en puertas del verano, tras constatar que su cotización había caído de 1,7 euros, que era el precio mínimo -no actualizado en una década- establecido para salir al rescate del olivar.

No obstante, la reducida compensación económica (la ayuda) que se ofrecía por la retirada y los límites de toneladas fijados hicieron que el mecanismo no revelara el éxito esperado. Eso sí, los precios se recuperarían algo, hasta rozar los 2,5 euros en septiembre de ese año.

Desde entonces, la tendencia ha sido a menos. Justo en plena campaña de recolección en diciembre pasado, los 2 euros volvían a perderse para los vírgenes extra, con entre 20 y 30 céntimos menos en el resto de los aceites. El promedio mensual para marzo ha sido de 2 euros para los vírgenes extra, 1,81 para los vírgenes y 1,68 para los lampantes.

Para que Bruselas autorice las ayudas la cotización debe situarse por debajo de 1,779 euros por kilo en origen en el virgen extra, 1,710 para el virgen y 1,524 para el lampante, precios mínimos obsoletos y que, hoy por hoy, no se dan. La Comisión Europea, además, se agarra al hecho de que no es una bajada de precios de índole temporal, sino una crisis estructural que el olivar debe resolver.

Cuestión de perturbación. La estrategia de las autoridades españolas para que Bruselas acepte activar el almacenamiento privado del aceite de oliva -que en 1998 sustituyó al antiguo régimen de intervención o compras públicas comunitarias- no pasa tanto por los niveles de precios actuales, que no cumplen los desfasados mínimos que establece la normativa europea -y que parece que ésta no los actualizará- sino por demostrar que existe una grave perturbación del mercado en la que juega un papel protagonista la presión de las cadenas comerciales, que han situado el oro verde como un producto gancho. Frente a ello, el Ejecutivo comunitario esgrime que no se trata de una perturbación coyuntural sino estructural, y para eso no hay ayudas.

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