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El acusado de matar a su padre en Año Nuevo alega que lo hizo en legítima defensa

el 05 jul 2010 / 14:31 h.

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La defensa del joven acusado de matar a su padre a puñaladas en la madrugada del 1 de enero de 2008 en Alcalá de Guadaíra (Sevilla), ha alegado hoy que lo hizo en "legítima defensa", durante la primera jornada del juicio con jurado popular que ha comenzado hoy en la Audiencia Provincial.

Durante su declaración, A.D.P., para quien la Fiscalía solicita ocho años de cárcel, ha relatado cómo apuñaló dos veces a su padre cuando éste intentaba clavarle un cuchillo jamonero, durante un enfrentamiento que se desencadenó cuando el fallecido, A.D.G., de 57 años, encañonó con dos escopetas a su esposa y amenazó con matarla.

Según el relato de los hechos de la defensa, que pide la absolución, tras la cena de Nochevieja de 2007, el padre, que ya se había retirado a su dormitorio, decidió salir al jardín de la casa con tres escopetas para disparar "porque no soportaba los petardos que estaban tirando los vecinos".

A pesar de las peticiones de sus familiares, el fallecido, que sufría trastorno bipolar y había dejado de tomar parte de su medicación por decisión propia el verano anterior, no accedió a volver a la cama, por lo que se produjeron momentos de tensión entre él y su mujer, una vez que los demás se habían retirado.

Según su declaración, al escuchar ruidos en el salón, el hijo acudió y encontró a su padre encañonando a su madre con dos escopetas y afirmando que "la iba a matar", por lo que él cogió la tercera escopeta y consiguió que el hombre le siguiera hasta la cocina.

Una vez allí, al verse encañonado por su padre, A.D.P. realizó dos disparos, que hirieron a aquel en la mano y el costado, tras lo cual el joven apartó las armas, momento en el que el padre sacó una navaja de su bolsillo y dijo que "iba a matar a todos", por lo que el hijo cogió un cuchillo jamonero.

Se produjo entonces un forcejeo en el que ambos terminaron en el suelo, donde el hijo hirió en el cuello a su padre para intentar que soltara la navaja, algo que el hombre hizo antes de arrebatar el cuchillo al joven, que usó entonces la navaja para herir dos veces al fallecido.

El joven ha afirmado que mantenía "buena" relación con su padre, aunque había momentos en que éste sufría depresiones y "no escuchaba a nadie", especialmente desde que había dejado parte del tratamiento médico que seguía y se había "obsesionado" por las armas, llegando a contar con más de una decena, además de cuchillos y navajas.

Por su parte, la Fiscalía argumenta que sí se puede exigir responsabilidad penal puesto que "falla el requisito de la proporcionalidad" para aplicar la legítima defensa, en concreto, afirma el fiscal, "en cuanto al modo en que se utilizan las armas en un momento concreto".

Según el representante del ministerio público, "no siempre que una persona recibe un ataque está facultada para matar a otro, y en este caso la defensa se podía haber producido afectando a otras partes no vitales del cuerpo del fallecido".

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