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El agua que todo lo descubre

No hay debate más peligroso que el referido a las políticas relacionadas con el agua. Aparte de fomentar las tensiones territoriales de todo tipo, tiene la virtud de provocar que más de uno caiga en continuas y flagrantes contradicciones.

el 14 sep 2009 / 23:53 h.

No hay debate más peligroso que el referido a las políticas relacionadas con el agua. Aparte de fomentar las tensiones territoriales de todo tipo, tiene la virtud de provocar que más de uno caiga en continuas y flagrantes contradicciones. Se trata, además, de un fenómeno que se acrecienta notablemente al calor de la discusión electoral en el que ahora nos encontramos. En el caso del PP andaluz, han sido coherentes con planteamientos anteriores y de cara a estos comicios han mantenido en su programa su compromiso a favor del Trasvase del Ebro que propugnaba el extinto gobierno de Aznar. Sí, el mismo que ante las primeras resistencias a su aplicación que surgieron, sobre todo, en la comunidad de Aragón, se anunció que "se impondría por huevos", según particular definición del que fuera ministro de Agricultura, Miguel Arias. Los populares andaluces siguen considerando que, de esta forma, se resolvería el défícit hídrico que afecta a la provincia de Almería de modo que asumen, abiertamente y sin matices de ningún tipo, la exigencia de su puesta en marcha. Tal promesa ha sido bien acogida por regantes y agricultores en general de Almería, aunque tal vez, haya ido demasiado lejos.

Explícita en andalucía, a diferencia de otros.

Tal vez sea por el hecho de la coincidencia de las elecciones, lo cierto es que aquí no se fueron por las ramas y se apresuraron a rescatar una política hidráulica ya desterrada. Más tarde vinieron las protestas de los populares aragoneses hasta tal punto de que, al final, la palabra "trasvase" no aparece en el programa nacional del PP aunque sí, en cambio, en el de Andalucía. El papel lo aguanta todo por lo que han encontrado una fórmula que, sin pronunciar la palabra maldita, vienen a decir, prácticamente, lo mismo, o no. Porque, tras la corrección realizada en Madrid, cabe preguntarse qué respaldo puede tener la propuesta andaluza de recuperar el traspaso de aguas del Ebro, tal y como se contemplaban inicialmente cuando los máximos dirigentes del partido ni siquiera se atreven a recoger este compromiso como corresponde. Lo que aquí prometen, en otro sitio lo camuflan o ocultan hasta tal punto que siembran serias dudas sobre la solvencia y la posible realización de esta iniciativa.

Ni una gota de agua para Cataluña.

Y por si fuera poco ahí está la frontal oposición que han ofrecido a que se aporten recursos hídricos desde la desaladora de Almería hacia Cataluña. Lo consideran poco menos que un despropósito. No importa que tal operación no suponga detraer ni un sólo hectómetro cúbico del agua que se necesite en dicha provincia. Hay que rechazar esta actuación cargada de sentido de solidaridad entre españoles. Se recuerda aquí cómo con la anterior sequía se transportó en barco agua desde Huelva a Cádiz sin que entonces pusieran en el PP como condición previa la terminación de determinadas obras hidráulicas en la provincia onubense. Puestos recordar, reivindicaban otra planta desalinizadora en la capital gaditana, reclamación que luego olvidaron cuando llegaron al gobierno.

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