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El Alamillo: Un parque por descubrir

Dos fornidos guerreros empuñan sus espadas antes de batirse en duelo. Ni están en la Edad Media ni son caballeros de la corte. Es un mediodía de cualquier fin de semana en el Parque de Alamillo.

el 15 sep 2009 / 18:45 h.

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Dos fornidos guerreros empuñan sus espadas antes de batirse en duelo. Ni están en la Edad Media ni son caballeros de la corte. Es un mediodía de cualquier fin de semana en el Parque de Alamillo, donde los alumnos de la Escuela de Esgrima Antigua de Sevilla entrenan con sus armas: "espadas de mano y media y ropera", matiza raudo un aventajado espadachín. No se incluye en el mapa que recibe a los visitantes -se puede pedir uno impreso en las garitas de seguridad- pero los asiduos saben que los sábados por la mañana hay lucha de espadas obligada frente al Cortijo del Alamillo, situado a pocos metros de la Puerta del Norte.

Tampoco recogen las guías algunos de los otros tesoros -para el alma, la mayoría- que esconde el parque, que tiñe de verde 470.000 metros cuadrados del callejero. Porque éstos hay que descubrirlos con el tiempo. Y es que leer se puede leer en cualquier rincón pero los que llevan lo suyo explorándolo saben que la sombra de alguno de los pinos que se levantan frente al Paseo de los Naranjales (paralelo al de la entrada principal) es de categoría. Mucho tienen que ver el olor que desprenden las naranjas -amargas, así que mejor no aventurarse a probarlas- y el silencio, ya que es la zona donde se ubican unos pocos demandados aparatos de gimnasia (al menos los fines de semana, que al cuerpo hay que dejarlo descansar).

Hay quien va al parque buscando actividad y de eso también hay aunque la mayoría la lleva en la mochila. Entre los pequeños, además de los columpios, triunfan las bicicletas familiares -aunque dicen sus propietarios que la crisis se ha notado hasta en esto-, que pueden alquilarse en un puesto de Pedarcar ubicado al final del rastro de naranjas. La media hora, a seis euros, y la entera, a diez para dos adultos y dos menores (un poco más si la prole es numerosa) garantizan un paseo ameno aunque a alguno le toque pedalear. Los requisitos son sencillos: no salir del recinto, no pisar el césped y devolverla lo más entera posible. Para los más cómodos está el Guadalkitren (1,50 euros el paseo), que se toma junto al Camino del Alamillo.

También desata pasiones la Escuela de Patinaje Mercury - "por Freddy", aclaran- que enseña a niños y mayores "hasta que el cuerpo aguante". Las clases son junto a la Puerta del Norte y los 10 euros de matrícula y los 30 de mensualidad incluyen el casco, las rodilleras y hasta los patines si uno no quiere cargar con ellos.

A la hora de la comida hay quien opta por el tuper de tortilla y salmorejo pero también están los que se apuntan a la paella a dos euros y medio el plato (sólo los domingos y mejor temprano, que se acaba rápido) en alguno de los dos bares del parque: El Naranjal e Itálica. Todo está pensado también para los que cumplen años -al menos para los que no superan los doce-, que tienen una zona habilitada (previa reserva) en una de las arboledas cercanas al Lago Mayor.

En el parque hay mirlos, cogujadas, mochuelos y ruiseñores. Los mejores sitios para verlos, dicen los que lo han conseguido, "los alejados del bullicio". También los lagos y la parte de los viveros, por donde se realizan visitas gratuitas cada hora desde el Cortijo del Alamillo. Allí se concentran las exposiciones y espectáculos temporales. Parada obligada son el Monumento al Maestro y el que rinde homenaje a los poetas extremeños. El resto...está por descubrir.

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