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El alcalde se encomienda a Santo Tomás

El alcalde se presentó a pecho descubierto ante vecinos y comerciantes. Su propósito: vender las bondades de la peatonalización de San Jacinto. Pero los afectados necesitan ver para creer.

el 13 jul 2010 / 19:16 h.

Gil, el alcalde y Rey, ayer en la casa hermandad de Triana.

"¿Alguna pregunta?" Y el bombardeo de los comerciantes y vecinos de Triana contra el proyecto de peatonalización de San Jacinto que ayer presentó el alcalde lo cogió a éste desprevenido. La reunión, a la que sorprendentemente tuvo acceso la prensa, comenzó con un rosario de datos por parte de Alfredo Sánchez Monteseirín sobre la peatonalización de la calle San Jacinto: las obras comenzarán tras la Velá de Santa Ana, se hará un carril bici delimitado por luces azules para "simular" el Guadalquivir, se colocarán bancos con cerámica típicamente trianera, se sustituirán las farolas de pared por unas de dos brazos... Y todo con el fin de recuperar "el centro de Triana". "No podemos permitir que se pierda el patrimonio de Sevilla", confesó ante el auditorio el alcalde flanqueado por el delegado de Urbanismo, Manuel Rey, y la responsable del distrito Triana, Esther Gil.

Pero a los pescaderos, fruteros y dueños de todo tipo de comercios de San Jacinto sólo les preocupaba una cosa: ¿cómo van a venir los clientes? Ante esta cuestión, el alcalde tiró de hemeroteca y sentenció: "Tengo, además de la autoridad democrática que me dan las urnas, la autoridad por la vía de los hechos para decirles que cerrar las calles al tráfico atrae al público. Ahí está la Avenida. ¿Alguien pone en duda que hemos salvado al Centro?". El alcalde les pidió ayer a los comerciantes y vecinos de Triana que confíen en él, aunque es consciente de que hasta que no se vean los "efectos" de la peatonalización será como pregonar en el desierto. Triana es como Santo Tomás y al alcalde no le quedó ayer más remedio que encomendarse a él.

"¡Pero San Jacinto no es el Centro!", gritó un pescadero enfundado todavía en sus botas de plástico verde. "¡Esto le va a echar la pata al Centro! ¡Que sí, hombre, que sí!", se oía entre el barullo a Monteseirín.

El tono del alcalde fue haciéndose más vehemente a medida que arreciaban las críticas y los ánimos se caldeaban (con alusiones incluso al uso del coche oficial por parte del alcalde. Éste se revolvió como gato panza arriba y recordó que él hace uso del vehículo para eso: "para actos estrictamente oficiales"). Rosario, vecina y comerciante de Triana, fue la encargada de hacer la otra pregunta delicada de la mañana: "¿Por qué no hicieron la peatonalización cuando levantaron las calles para las primeras obras?". El alcalde en este punto dio una respuesta más que ambigua: "Las cosas se hacen cuando podemos". Nada del dinero que se tirará ahora al cubo de la basura cuando se levante de nuevo San Jacinto (la peatonalización costará 400.000 euros), por no decir de las molestias que tendrán que volver a sufrir los comerciantes. En este punto (el de las molestias), el alcalde se disculpó con un "serán sólo tres meses, desde agosto a octubre"). Y está dispuesto, además, a pagar de nuevo el peaje que este tipo de actuaciones tiene: "Aguantaré las críticas y la polémica", afirmó con la mano en el pecho.

El alcalde hizo un alegato en favor del cierre al tráfico de San Jacinto, entre otras cosas, porque "antes era muy peligrosa por la segunda fila". "Nos hemos acostumbrado a ser indisciplinados en el aparcamiento. Esto no se resuelve sólo con el palo [multas]. Hay que orientar y eso se hace evitando la doble fila", explicó a los asistentes. Pero éstos ya tenían claro que el proyecto no les gusta y que va a venir a empeorar la situación actual. Monteseirín no quería tirar la toalla y volvió a tirar de hemeroteca: "Me acuerdo de los carteles que había en el Centro cuando estábamos peatonalizando la Avenida en los que se leía ¿Seré yo el próximo que cierre? Con esa mentalidad seguro, pero los comerciantes han visto cómo la peatonalización ha supuesto una enorme revalorización de sus negocios".

No había manera. Una y otra vez los comerciantes volvían al mismo argumento: la clientela renegará de San Jacinto. No había nada que hacer. Los comerciantes tienen que ver para creer. Monteseirín se rindió a la evidencia y les lanzó el siguiente mensaje: "Nos vemos aquí en seis meses. Me darán la razón". Pues ni por esas. Una asistente, alzando la voz, le espetó: "Ya estamos viendo los efectos de la peatonalización. Ahora lo que va a hacer es poner bonita la calle". Monteseirín se rindió. Dio por cerrado el debate, que degeneró en enfrentamientos entre un comerciante y un miembro del distrito que llegó a espetarle: "Cuidadito con lo que dices". Lamentable.

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