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El almacén nuclear estará a ocho kilómetros de una laguna protegida

El Gobierno elige Villar de Cañas (Cuenca) para deshacerse del combustible radiactivo usado de las centrales nucleares.

el 30 dic 2011 / 11:05 h.

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La localidad de Villar de Cañas (Cuenca) se llevó ayer el almacén de residuos nucleares, de cuya ubicación estaban pendientes ocho pequeños pueblos, con sus opiniones públicas divididas entre dar la bienvenida a la lluvia de inversiones como compensación por un basurero no exento de peligro y quienes destacaban precisamente ese riesgo radiactivo para oponerse.

La decisión la tomó ayer el Consejo de Ministros después de  siete años de espera. Villar de Cañas albergará así lo que oficialmente se denomina almacén temporal centralizado (ATC) de residuos nucleares de alta actividad y combustible gastado del parque atómico español, y además acogerá un centro tecnológico complementario.
 

El pueblo, de unos 450 habitantes, se encuentra a 68 kilómetros de la capital provincial, si bien muy cerca (ocho kilómetros) de la laguna de El Hito, incluida en la Red Natura 2000 y todavía más cerca de una de las principales autovías españolas, la A-3 (Madrid-Valencia).

El anuncio de la elección lo hizo la vicepresidenta, Soraya Sáez de Santa María, en la rueda de prensa posterior al consejo. El Congreso de los Diputados había instado en 2004 al Gobierno a iniciar el proyecto, pero ha sido el nuevo Ejecutivo el que ha tomado la decisión en una semana. A este respecto, la vicepresidenta expuso que por cada día que no se construye el ATC España pierde 60.000 euros.

Según el Gobierno, la decisión se tomó tras analizar “en profundidad” el informe sobre todas las candidaturas elaborado por la comisión que se creó para seleccionar el emplazamiento del ATC. Ahora, una vez elegido el emplazamiento, el Gobierno iniciará los trámites para la construcción del almacén nuclear en la pequeña localidad.

El ATC es una instalación que el Gobierno considera “indispensable” en un país con centrales nucleares y que se trata de la solución “más segura y económica” para tratar unos residuos que comenzaron a generarse en 1968, cuando se puso en marcha la primera central atómica, la de José Cabrera (Guadalajara) –ahora en desmantelamiento–.

Para el Ejecutivo “se trata de dar ahora una solución cabal a un problema anterior, el de los residuos radiactivos, que vienen generándose hace décadas y que se seguirán generando en los próximos años, pues en la actualidad España no está en condiciones de prescindir de la energía nuclear”, apostilló Sáenz de Santamaría.

Respecto a la selección de Villar de Cañas, recordó que cualquiera de los ocho emplazamientos analizados y finalistas eran “aptos” para albergar la instalación y añadió que se tuvieron en cuenta los terrenos ofertados, el apoyo al proyecto, la situación geográfica y el impacto social y económico en la zona.

De este modo, el Gobierno “teniendo en cuenta todos estos requisitos” consideró que la candidatura de Villar de Cañas reunía “todas las características técnicas exigidas” por lo que el proyecto “tendrá un impacto socioeconómico positivo”.

Villar de Cañas obtuvo de esta manera la calificación de MB (Muy Bueno) en apartados como extensión y geometría, topografía, geotecnia, sismicidad, meteorología, hidrología, instalaciones de riesgo alrededor, zonas de interés estratégico o distancias a núcleos principales. El parámetro de contribución de los ayuntamientos también obtuvo una alta calificación.

Por otro lado, Sáenz de Santamaría valoró que el proceso de selección del emplazamiento fue “en todo momento transparente y público”, ya que el 29 de diciembre de 2009 se abrió el plazo de presentación de candidaturas, y se postularon 13 municipios, de los que fueron admitidos ocho.

En este contexto, se calificaron de “no aptas” las áreas que formaban parte de la Red Europea de la Conservación de la Naturaleza, Natura 2000, entre otras. Hace algo más de un año, el anterior Gobierno también estudió la propuesta presentada por el entonces ministro de Industria Miguel Sebastián, aunque la opción planteada, Zarra (Valencia) quedó sobre la mesa por el desacuerdo entre los ministros.

El ATC se contempla en el Plan General de Residuos Radiactivos, que reclama un almacenamiento de estos desechos en un emplazamiento centralizado estratégico, económico y seguro. El proyecto consiste en la construcción de un ATC para el almacenamiento en seco, durante 60 años, del combustible gastado y residuos vitrificados de alta actividad, y un centro tecnológico que facilitará las actividades necesarias para el asentamiento de empresas. La previsión de inversión total es de unos 700 millones de euros. Para la construcción de las instalaciones se estima un promedio diario de unos 300 trabajadores durante los cinco años de la primera etapa, con algún pico de hasta 500 trabajadores.

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