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El alzhéimer y la cura que no llega

En el mercado hoy hay los mismos fármacos contra la enfermedad que hace una década

el 06 mar 2011 / 19:49 h.

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La estimulación cognitiva es un buen preventivo para evitar el desarrollo del alzhéimer.

Se pasa la tarde contando historias de la posguerra. Recuerda perfectamente cuándo vio por primera vez un billete de cien pesetas, marrón con el busto de Bécquer. De igual modo nunca olvida preguntar por su niño, del que siempre dice que era un poco zángano. Lo que ella no es capaz de recordar es que esa persona a la que le cuenta estas historias cada tarde es su propio hijo.


Esta historia ficticia es real para más de 700.000 personas en España -y sus familias- que padecen alzhéimer. Una enfermedad neurodegenerativa de las células cerebrales, progresiva e irreversible, en la cual el afectado pierde paulatinamente la memoria y la capacidad motriz. Actualmente se desconoce el origen y, por lo tanto, no hay tratamiento capaz de curarla o prevenirla.


En 1901 el neurólogo Alois Alzheimer observó por primera vez los síntomas de la enfermedad. Tras más de cien años, las investigaciones sobre este campo permanecen en un cajón estanco. Coincidiendo con el Año Internacional del Alzhéimer, la Fundación Antares ofreció, con la ayuda de varios expertos, un Chequeo a la enfermedad.


Javier Vitorica, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Sevilla y especializado en el estudio del envejecimiento cerebral, avanzó que la medicación para paliar los síntomas del alzhéimer, son las mismas que hace diez años. Y hasta dentro de una década no se espera un tratamiento curativo. Hoy hay sólo cuatro fármacos paliativos -donepezilo, galantamina, rivastigmina y memantina-. Los principales problemas a los que se enfrentan los investigadores es que aún se desconoce el origen de la enfermedad y la producción de fármacos es una tarea compleja. Entre el descubrimiento de una nueva molécula y su homologación como medicamento se tarda de 10 a 12 años.


Uno de los motivos de tanto retraso es que se trata de una dolencia que sólo se desarrolla en humanos. Para el estudio de los efectos secundarios de los fármacos se recurre a ratones modificados genéticamente, una acción arriesgada, ya que un compuesto que funcione bien en este tipo de animales puede ser perjudicial para los seres humanos.
Román Alberca, creador y director hasta su jubilación del servicio de Neurología del hospital Virgen del Rocío de Sevilla, incide en que la exploración de esta enfermedad es muy complicada, ya que al tratarse de una patología relativamente nueva, la mayoría de los pacientes están en fases muy avanzadas, donde es imposible ya tratarla.


¿Pero hacia dónde se dirigen las investigaciones? El director de Cultura Científica en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, José Antonio López Guerrero, apunta hacia una vacuna terapéutica -todavía experimental- que actúa contra uno de los principales marcadores de la enfermedad, las placas amiloides, evitando su aparición e incluso facilitando la eliminación de las mismas. "Esta vacuna preventiva está muy desarrollada", asegura López Guerrero, tanto que "en cinco o seis años podría utilizarse". Sin embargo, las investigaciones en terapias celulares no han aportado ningún avance en esta materia. En este último apartado se encuentra la experimentación con células madres, las cuales no se pueden aplicar a este campo ya que actualmente los expertos no logran desarrollar células cerebrales, necesarias para la cura. Pero estos avances tienen que tomarse con precaución, ya que muchas vacunas testadas no han tenido el resultado deseado en el cuerpo humano.


El objetivo en un futuro cercano pasa por la mejora de los medicamentos ya existentes o la inmunoterapia, que trata de impedir la aparición del alzhéimer, aunque esta investigación tendría el inconveniente de que no se podría utilizar en enfermos, ya que es preventiva, aunque su desarrollo busca la elaboración de una vacuna contra la enfermedad. Estas nuevas investigaciones proceden de estudios muy recientes ya que antes no se conocían los mecanismos de funcionamientos de las proteínas implicadas. La complejidad del alzhéimer reside en que no se conocen los mecanismos que lo desarrollan.

El factor desencadenante es todavía hoy un misterio y su desarrollo es muy lento, el cual puede producirse mucho antes de que ésta se refleje. Alberca aclara que la enfermedad se diagnostica solamente por una demencia. El enfermo "puede ir desde olvidarse las llaves de la casa, hasta perder la movilidad de alguna parte del cuerpo en las fases más avanzadas", subraya. No existe un síntoma propio, el diagnóstico se produce por exclusión, cuando se ve claramente que no padece otra dolencia neurológica es que se trata de alzhéimer.


Los primeros síntomas se desarrollan generalmente en personas de 65 años, donde el factor de aparición es del 5%, que aumenta hasta el 40% en personas de 85 años. Existe también un factor hereditario, explica Vitorica, aunque "sólo supone el 1% de los casos", en estos casos la enfermedad se desarrolla a una edad muy temprana, en torno a los 40 años. Vitorica insiste que, aunque aún no existan fármacos para paliar los síntomas, sí hay medios para retrasar su aparición y "el factor más importante es la edad y la calidad de vida"

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