Cultura

El Año Gades reivindicará el legado del gran bailarín y coreógrafo

Su fundación inicia los primeros actos para rendirle tributo.

el 01 nov 2010 / 18:49 h.

Antonio Gades, en una imagen datada en Palma de Mallorca en el año 1998.

El legado de Antonio Gades (Elda, Alicante, 1936-Madrid, 2004), un hombre que no era perfecto, pero era "ejemplar", que fue un revolucionario dentro y fuera del baile, "es también el de la cultura española" porque su "luz", como recuerda su viuda, Eugenia Eiriz, con motivo del inicio del Año Gades, está en el alma del flamenco.

Eiriz vio por primera vez al bailarín y coreógrafo, que en realidad se llamaba Antonio Esteve, un día del verano de 2002 entrando en la cantina del Teatro Real, donde él iba a representar Fuenteovejuna, y pensó que era "como Julio César, tan moreno y con su pelo blanco", y "algo" se le agarró al estómago.

Él tenía 65 años y ella 28. No se separaron hasta su muerte, el 20 de julio de 2004, apenas 12 días después de que Eiriz se convirtiera en su cuarta esposa, porque él quería, recuerda a regañadientes porque le da "pudor" contarlo, que fuera su "mujer", no su novia, amante o compañera.

"Antonio era el hombre, y una de las cosas más bellas de mi vida es haber estado a su sombra", presume su viuda, que luce en su mano las dos alianzas unidas. Pasó un año "muy malo" porque su historia fue "muy corta pero muy ancha" y desde entonces no sólo bendice cada día que pasó con él sino que dedica todos sus esfuerzos a la Fundación Antonio Gades, que vela por su legado y que ha propiciado la reactivación de su compañía de baile.

Gades (Elda, Alicante) cumpliría 75 años el 14 de noviembre del próximo año y la fundación, que preside su hija María -primogénita de las tres que nacieron de su matrimonio con Pepa Flores- ha organizado con ese motivo lo que denominan el Año Gades, con el que quieren "llamar la atención" sobre la importancia de su obra.

"Nos marcamos objetivos pequeños y vamos saliendo adelante porque nos ilumina una luz muy clara: la de Antonio", señala, convencida de que "poco a poco" lograrán más apoyo institucional para sus iniciativas.

Las conmemoraciones empezarán mañana en el Teatro García Lorca de Getafe, sede de la fundación y de la compañía de baile, con dos exposiciones, una, con obra gráfica de Antoni Miró y otra con materiales que recuerdan los 60 años de carrera de Gades.

Le seguirá una representación en el Auditorio Nacional de Fuenteovejuna -la última de las apenas siete coreografías que hizo: "Soy más lento que el caballo del malo", se justificaba-, la participación de la compañía en la gala del 31 de diciembre en el Teatro Real, una gira por Francia y varios lugares de España, y "otras cosas" que Eiriz no quiere desvelar aún.

Gades jamás apostató de sus principios vitales, de su ansia de libertad, que sublimó en su pasión por el mar, ni de su militancia comunista, siempre cerca de Cuba -donde se esparcieron sus cenizas- y de Fidel Castro.

En una vida que fue un ensayo interminable, concentrado en buscar ese arte que, advertía él, no estaba en el movimiento sino "entre paso y paso", transmitió a quienes trabajaron con él, como a la directora de la compañía Stella Arauzo, el gusto por la búsqueda en las raíces flamencas huyendo "del exceso de oropeles y virtuosismo".

Respetaba "muchísimo" a sus compañeros y pensaba que el patrimonio artístico español era "muy importante" y que el Ballet Nacional, que le tuvo como primer director, debía ser el depositario del "conjunto de obras maestras" que identifican la danza del país.

La fundación, recuerda Eiriz, podría ceder las coreografías de Gades a otras instituciones, pero quieren ser ellos quienes velen por la filosofía de su baile, que él renovó con unas composiciones que exploraban en la danza como un arte total.

"El decía: ‘Yo no he inventado nada, todo está hecho' y acabamos de encontrar un tríptico de Fra Angélico que es la misma composición que él utilizó para Fuenteovejuna", se admira.

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