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El año I después de la gripe A

La campaña de vacunación transcurre con tranquilidad en los centros de salud. La Consejería de Salud tiene previsto suministrar 263.290 vacunas en la provincia de Sevilla.

el 24 oct 2010 / 17:20 h.

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Encarnación Luna espanta cualquier fantasma de la gripe A a guantazos. Ha pasado un año de ese temor ciudadano a una pandemia en España, pero ella, reclinada en la silla de la sala de espera, lejos de preocuparse por la inicialmente conocida como la gripe porcina afirma que "son cuentos chinos para montar follones". "Quisieron asustar a la gente", añade, presta a ser vacunada, como cada otoño, en el centro de salud Doctora Inmaculada Vieira de Las Letanías.


Encarnación es la primera a la que la enfermera llama para recibir la dosis que este año se suministra en un solo pinchazo, tanto para blindar el organismo de la gripe A como de la estacional, es decir, la de toda la vida. Sólo en Sevilla, la Consejería de Salud prevé 263.290 vacunas, por lo que se puede decir que el personal de Enfermería está en temporada alta, tanto en la consulta como en las casas de los que no pueden acudir al centro sanitario.

Por suerte, no hay saturación ni miedo a la gripe A. Lo comenta Carlos González, director de Cuidados del centro sevillano, que ha comprobado que "desde que se acabó el verano, la vacuna se ha suministrado igual que años anteriores". La campaña comenzó el 4 de octubre y, hasta la fecha, ya ha logrado atender a la mitad de la población con mayor riesgo de contraer la enfermedad. Los más previsores coparon las citas de los primeros días, pero después la afluencia remitió y la vacuna se suministra sin grandes esperas.

Uno de los no acostumbrados a estas citas es Jesús Díaz, que con 80 años -para nada los aparenta-, va justo detrás de Encarnación, que sale en dos minutos. Pinchar y listo. Iba a vacunarse antes, pero lo cambió de fecha no porque estuviera resfriado, sino porque tenía clase de sevillanas. Jesús es sincero: va tan poco al médico que le hicieron un chequeo hace poco para rellenar su historial. Confiesa que se vacunaba cada equis años -algo nada recomendable, porque hay que renovarla año a año-. Pero la cosa cambió en 2009, cuando cogió "una fiebre tremenda" y decidió, tras pasar por Urgencias, vacunarse. A partir de ese susto, se propuso ir cada otoño.

Por la consulta hay de todo. Desde el callado que va como si fuera a un ritual al más inquieto, que pregunta de la gripe A y el temor generado por lo poco -o mucho- que conoce por prensa, radio o tele. Ahí juega su papel el equipo de Enfermería, que lanza un mensaje de sosiego y "le informa de lo que desee", según Susana María Ordóñez, una de las enfermeras de Medicina de Familia del moderno centro de Las Letanías, que abrió sus puertas al paciente hace tan sólo ocho meses en la avenida de la Paz.

Los enfermeros no se cansan de repetir lo fácil que es pedir la cita para vacunarse. El director de Cuidados del centro, Carlos González, aporta tres vías: solicitarla en el centro, al médico de cabecera y al servicio de telefonía de Salud Responde (902 505 060).

La campaña se dirige en especial a las personas mayores de 65 años y se pueden percibir sus efectos: la mayoría de los casos de gripe (98%) del año pasado se detectó en personas por debajo de esa edad, que están exentos de recibir la inyección salvo el personal sanitario y pacientes con problemas crónicos.

Carlos Morales pertenece a este último grupo. Con 20 años, tiene que vacunarse por ser alérgico a la alternancia -cambio de estación- y al olivo, y por sus problemas de asma. Acompañado por la madre, Gloria Fernández, Carlos ya está acostumbrado, porque desde los cinco años ha ido de inyección en inyección. "Al llegar el otoño es de los primeros en vacunarse, pero este año tardó un poco más porque tiene clase en la universidad", reseña Gloria. "Informática", añade su hijo Carlos, justo cuando entra en consulta.

También asistió Antonia Anillo, una vecina de La Oliva que hará 80 años este miércoles. Hace corrillo donde conversa de todo menos de la gripe A, a la que le resta importancia. Todo lo contrario que a la vacuna, en la que, dice, cree ciegamente.

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